martes, 19 de enero de 2016

LA ASTROLOGÍA (3)


LA ASTROLOGÍA (3)

“En la religión mesopotámica la diferencia fundamental entre dioses y hombres era la inmortalidad de los primeros, aunque bien podían concedérsela a quien ellos quisieran”. María Isabel Cubas.


Llega un momento en que resulta imposible separar la astrología de la más rancia mitología, por lo tanto, conviene al observador dar una mirada detallada de repaso a los principales dioses y por supuesto, a las más destacadas características atribuidas a los mismos, para así ir asociando poco a poco, el sinnúmero de relaciones existentes entre los dioses, los calendarios y los zodiacos que han sido generados en conjunto y que derivan de las fusiones de tantas y tan diversas interpretaciones, todo como producto del paso del tiempo y del modo en que se han visto absorbidas dentro de las diferentes culturas, aquello que aparentemente son los simples elementos inseparables y prácticamente indisolubles apropiados por el entendimiento humano.

Está claro en éste punto que previo a la aparición de los considerados conceptos científicos, aquello que en su momento era desconocido, se explicaba básicamente por medio de mitos y leyendas, en especial, lo referido a situaciones meteorológicas, eclipses, cambio de estaciones y demás fenómenos asociados por su condición de ‘sobrenaturales’, a los miedos y temores; es más, ante la marcada incapacidad de entender aquello que ocurría a su alrededor y sin poder someterlo al ámbito de su dominio, el hombre antiguo entonces recurría a adjudicar a los dioses, ciertos mandatos como vía de explicación, fenómeno que aún hoy, no puede considerarse extinto.

Pues bien, mucho llama la atención el ‘panteón mesopotámico’ por ser el primero de los hoy reconocidos en su condición de más antiguo, y en consecuencia, para el observador constituye un vivo reflejo de la sociedad para entonces imperante y de su huella dejada a través de su paso por la historia se pueden rescatar muchas creencias.

De ésta manera y en términos generales en la jerarquía sumeria había un soberano, con una familia real, una corte, y una serie de funcionarios y ayudantes que les acompañaban en la regencia. Es decir, había una estructura destacada, que a la vez se respaldaba en una serie de divinidades mayores o supremas, junto con otras menores.

En éste marco contextual aparece la presencia de los dioses más importantes, entre los que se destaca con gran relevancia la llamada Tríada Sumeria, formada por Anu ‘dios del cielo’, Enlil ‘dios del agua’ y Enki ‘dios de la tierra’.

Por tanto, en el curso de éste tránsito conviene detenerse por un momento a considerar sus atributos particulares:

ANU (An): Para los relatos sumerios conocidos, era rey de los Anunnaki y por tanto, de todos los dioses. Aparecía venerado como el dios del cielo, del paraíso y de la tierra. Además, dios del firmamento estrellado, pues era el espíritu monarca de la esfera superior.
De hecho, "An" significa precisamente ‘cielo’ en sumerio y su ícono era una estrella. Según la tradición, vivía en el Paraíso y visitaba la tierra en épocas de crisis o con motivo de asistir a determinados ceremoniales.


Su Templo en Uruk recibía el nombre de Eanna que significa ‘La casa de An’ donde le rendían culto. De su unión con Nannu tuvo a Enki, y de su unión con Ki tuvo a Enlil. Junto con ellos, sus dos hijos, se forma la llamada ‘Tríada Sumeria’ de dioses primordiales.

Anu, durante eones fue reconocido como el dios principal, para luego en la tierra ser sustituido en este papel primordial por Enlil, para posteriormente derivar su reflejo en distintos dioses regionales, incluidos sus nietos Marduk y Ashur y otros miembros de su descendencia.

Sin embargo, los antecesores siempre mantuvieron un papel preponderante en todos los panteones, al ser mostrados sea como la figura del demiurgo o como el dios original del Universo, aun cuando sus características concretas en realidad nunca fueron muy bien definidas.

Astrológicamente hablando, Anu estaba asociado con el ‘Camino o Sendero de An’, región relacionada con la bóveda celeste que coincide con el Ecuador.

Posteriormente, se definiría dicha región como el espacio ubicado entre los dos trópicos. Su rango era el máximo sexagesimal asignado y estaba asociado el número 60, cifra sagrada por excelencia para los sumerios.

Su ideograma expresado en caracteres cuneiformes también servía para describir la palabra ‘dios’, proveniente del termino dingir en sumerio o del vocablo ilum en acadio.

Como indicado, originalmente se le representaba mediante una estrella y más reciente, esto es a partir de la época Cassita, con frecuencia se hacía mediante una corona de siete pares de cuernos, propia de los grandes dioses.

En la tradición babilónica, Anu estaba directamente ligado con su ancestro Antu.

A medida del transcurso del tiempo, fue asimilado con el dios asirio Assur, al igual que con el filisteo Dagon, en muchos los casos se representa con un disco alado que emerge de un busto humano portando una tiara real con dobles cuernos y con cola de águila, siempre mostrado en el acto de tensar un arco para lanzar una flecha, imagen que al final lo asimila con el signo de sagitario.

ENLIL: Considerado por muchos el dios supremo del panteón sumerio-acadio, regente creador de la humanidad. Los poderes y competencias específicos asignados a él, cambiaron mucho a través del tiempo. Sustituyó en el mando local a Anu su padre, dios del cielo, para ser la deidad suprema, por ser un dios más ‘cercano’ para la gente. Pese a ser llamado creador, es él quien ordena un diluvio para acabar con la humanidad. Habitualmente era el depositario de las tablillas ‘Me’, que simbolizaban las leyes que marcan el orden en el universo.

Hijo de An el ‘cielo’ y de la diosa Ki la ‘tierra’. Señor del ‘Lil’, padre de los hombres. Reinaba sobre la atmósfera, el aire, las tormentas y el viento. Era también el dios de la fuerza y de la violencia, un poco más adelante conocido por ‘Allah’. Llegó a la tierra antes de la presencia de los hombres como género, separó el paraíso de la tierra.

Tanto en Nibiru su planeta natal, como en la tierra cuando se reúnen los dioses, siempre se sitúa detrás de su padre. Se reúnen en su templo Ekur en Nippur la ciudad sagrada y sólo habitada por sacerdotes. Enlil fue un dios prolífico, según la tradición babilónica se unía con la diosa Ninlil de cuya relación tuvo a Sim y a muchos otros grandes dioses: Adad, Nergal, Pabilsag y Zababa. Además junto con Ninhursag fue padre de Ningirsu y Ninurta.

Astronómicamente era asociado con el ‘Camino de Enlil’, región del cielo ubicada al norte del ecuador celeste y coincidente con el Trópico de Cáncer. También se le relacionó con las Pléyades, llamadas Mul-mul, en sumerio. Más adelante, en la tradición acadia también era conocido como Ellil.

Posteriormente sería sustituido por el dios de Babilonia, Marduk. A partir de la época Cassita fue representado mediante la corona con siete pares de cuernos, colocada sobre un altar o por siete estrellas: las Pléyades. Su rango jerárquico era el 50. Tradicionalmente, el centro para su culto era Nippur, donde estaba el E-kur, en sumerio o ‘la casa de la montaña’ que era el principal templo a él dedicado. Se le asocia con Tauro vigente en la era en la que prima esta constelación, esto lo ubica hacia el año 4500 a.C.

ENKI: Ea en acadio, es el dios sumerio de la sabiduría, de las artes y del ‘Abzu’, o sea, la región de aguas subterráneas que según los sumerios se encuentra debajo de la tierra firme, y cuya presencia era el origen de todas las cosas, por ello se lo asocia como el señor tierra, del agua y la fertilidad.

Surge a partir del caos húmedo, producto de la transformación de las aguas marinas que impregnan la Tierra y que dan vida a los seres que la pueblan. Protector de marinos y navegantes.

Como indicado, en conjunto con Anu y Enlil formaba la "Tríada Sumeria" de dioses principales. Tradicionalmente ha sido considerado como protector de la humanidad. Guardián de las leyes divinas y del ME, esto es, del orden sin caos, posee el gran atributo de ayudar la civilización, producto del poder de negociación con los dioses, es él quien avisa a Atrahasis, el ‘Utanapishtim’ sumerio personaje original quien dio nacimiento al mito del Noé bíblico, para que se construyera un barco o Arca, con el fin de poner a salvo a su familia y a todos animales de la Tierra ante el inminente diluvio ordenado por Enlil.

Astronómicamente se le asocia con las constelaciones de Acuario y Capricornio, así como con el "Sendero de Ea", región que vista desde el cielo queda localizada al sur del ecuador celeste, y que fue posteriormente identificada con el Trópico de Capricornio. En su mito suele aparecer como hijo de Anu con Nannu y se dice esposo de la diosa Damgalnun.

En la iconografía tradicional era representado por una figura masculina portando o vertiendo agua, a veces con chorros líquidos surgiendo de sus hombros con pececillos nadando en su interior.

A partir de la época Cassita será también representado mediante la tradicional corona de siete pares de cuernos sobre un altar, tal como sucedía con Enlil y Anu.

Otras veces se muestra con una cabeza de cabra sobre un altar, otras con una tortuga, otras con una cabra-pez o mediante una serie de combinaciones de los símbolos anteriores. Se dice que Innana, hija de Enlil en un momento dado le convenció (¿engaño?) para que le cediera a ella algunas de sus responsabilidades.

Astronómicamente está representado por la constelación de Acuario llamada Gula, en sumerio ‘Grande’, uno de sus más conocidos epítetos, igual, se le nombra como el Pez Austral de Ku, en sumerio ’pez’. Empero se le asigna el símbolo de Capricornio, Suhurmash, en sumerio que significa ‘Cabra-pez’.

Con frecuencia aparece junto a su sirviente, el dios de las dos caras Isimud para los sumerios o Usmu para los semitas. Su rango jerárquico o número asignado era el 40. El centro de su culto estaba localizado en el templo E-abzu, en la ciudad de Eridu, asociado con Ptah en el Egipto ancestral.

Es así como con el paso del tiempo y por cuenta de las sucesivas conquistas entrecruzadas de semitas, acadios, babilonios y todas las demás mezclas e infiltraciones culturales, ésta, la ‘Tríada’ original sería sustituida por la luego denominada ‘Tríada Semita’, que estaba conformada por Isthar o Inanna sumeria, diosa del amor, la guerra y la fertilidad, por Sin, ‘dios de la luna’ y por Shamash, dios del sol y los astros.

Pues bien, Sim (Nanna o Nannar) junto con sus descendientes, fue el fruto de la unión de Ningal ‘diosa de la luna’, con Shamash (Utu) quien junto con Ishtar (Inanna), constituyen la "Tríada Semita" de dioses que por cuenta de las condiciones derivadas de las innumerables relaciones celestes establecidas, se incorporó con fuerza al panteón mesopotámico desde el Período Acadio, entre cuyas características se destacan las que se enumeran a continuación:

SIM (Nanna o Nannar): dios semita de la Luna, para unos hijo de Enlil y Ninlil, nació en el mundo subterráneo y fue obligado a permanecer durante su infancia en el mundo oscuro. Deidad tutelar, tradicionalmente adorada en la antigua ciudad de Ur. Es el dios de la noche, representado a veces como un toro; su figura rige los movimientos de la noche y del día e influye sobre las fases de la luna. Otras veces se le representa como el disco lunar o con forma de hombre mitrado. Más adelante bajo otras culturas, también aparece bajo el nombre de Zuen o Nanna-Suen. Se le representaba mediante un cuarto creciente lunar y su rango jerárquico era el número 30, el cual es el número aproximado de días que constituye un mes lunar. Esta deidad nunca tuvo un centro de culto definido, aunque se suele citar el templo E-Kishnugal en Ur como uno de los principales centros para su veneración.



SHAMASH (Utu): deidad del Sol, de la justicia, el orden, de los oráculos y de la Ley, hijo de Sim y Ningal, es el emergente dios solar que surge por el oriente en su carro de oro y que recorre el firmamento alrededor del mundo entero, para irse finalmente por el occidente a recogerse en su morada ‘Ebabbarra’ o dentro de las profundidades, lo hace al finalizar cada día. Daba protección a todos los seres creados de la oscuridad de aquellas potencias del mal que acechan en ella. Dios de carácter bueno y justo, fue considerado el patrón de la ‘magia blanca’.

Es él quien entrega a Hammurabi el primer código de leyes conocido por la humanidad. Su número de rango era el 20. La tradición de su origen varió mucho a través del tiempo: los sumerios lo consideraban hijo de Nanna y hermano de Inanna, aun cuando los acadios y babilonios consideraban que su padre era Anu o inclusive Enlil. Algunas veces aparece junto con su consorte Sherida (Aya para los semitas). Se le representaba con un disco solar de ocho puntas o mediante una figura masculina de la que emanaban llamas de los hombros. Su símbolo también fue en épocas posteriores la balanza, por tanto, así aparece representado en la constelación de Libra o Zibanitu.


ISHTAR (Inanna): diosa del amor, la naturaleza, el sexo, la belleza, la fecundidad y la guerra. Prolongación de la tradición de ‘diosas madres’ prehistóricas, fue la protagonista de mitos tan arquetípicos como el ‘descenso a los infiernos’. Diosa muy popular entre todos los pueblos semitas, contaba con un templo en Zabalam y era la protectora de Uruk (Erech) era también conocida en otros lugares como Anat, Astarté o Teshub.

Astronómicamente se le asocia con la estrella de la mañana o el planeta Venus. Luego fue identificada con Afrodita y con la Astarté fenicia. Su rango era el 15. Aparece en muchos relatos de la época, como en del pastor Dumuzi o en la epopeya de Gilgamesh.

Su origen también es confuso, en algunas tradiciones es hija de Anu y Ki (la tierra), y en otras de Sim y Ningal (la luna). Además en otras aparece como hija de Enlil o de Enki. Su hermana es la diosa del Inframundo, Ereshkigal. Es representada mediante una estrella de ocho o diez y seis puntas, una flor, un león o una mujer, a veces desnuda. Sin un lugar específico de culto central, destacaba el E-ana o ’Casa del Cielo’ de Uruk. Tuvo siete templos en Sumer, aunque el mayor estaba en Uruk, dedicado sólo a ella y a Anu. Su consorte fue Dumuzi, tomado como un dios menor o semidiós y héroe de Uruk.

"Hasta hace poco se pensaba que Hiparco de Nicea  había transmitido el conocimiento astronómico griego autóctono más temprano y sin embargo, muchos autores sugieren hoy la existencia de una relación entre las referencias astrales de sus obras y las tablas Mul-Apin, luego de la lectura de las tablillas sumerias ". Anónimo.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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ETIQUETAS: Astrología, zodiaco, horóscopo, almanaque, calendario, mitología, retrospectiva, cosmovisión, tiempo, sumerios, tradición, humanidad, historia.


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martes, 12 de enero de 2016

LA ASTROLOGÍA (2)


LA ASTROLOGÍA (2)


"La astrología se ha considerado la ciencia que mira hacia futuro. La verdad astrológica en su aspecto más elevado y en su verdadera interpretación, contempla que el conocimiento finalmente permitirá al observador enfocar su comprensión y su actuar de manera correcta". Anónimo.
  
Antes de entrar de lleno en la materia, resulta imprescindible hacer un paso obligado por los antecedentes que brinda la astrología mesopotámica, introducción que lleva al observador ante los Sumerios, a quienes junto con los antiguos egipcios, se les atribuye el hecho de ser los fundadores de las primeras civilizaciones, cuyo apogeo inicial se remonta al tercer milenio a.C., aun cuando vale decir que no está suficientemente claro aún, cuál cultura se desarrolló primero o si fueron simultáneas como se presume.

Para empezar conviene hablar de cultura sumerio-acadia, ya que los acadios fueron, en esos tiempos, un componente importante de la población que luego llegaría a ser mayoritaria.

Determinar sobre sus conocimientos astronómicos resulta complicado debido a la antigüedad, escasez y fragmentación de las fuentes sobrevivientes. Se destaca la mención en un texto de gramática que data del 2500 a.C. la palabra Mul-Mul que en sumerio, significa ‘las estrellas’, con referencia a las Pléyades, nombre más antiguo conocido para designar a un astro.

La cultura sumeria fue asimilada por los semitas y como resultado, casi todos los conocimientos astronómicos mesopotámicos son semitas, lo que dificulta saber qué datos son estrictamente sumerios, y cuáles fueron añadidos por pueblos posteriores. Empero, los nombres de las estrellas y constelaciones que aparecen luego son sumerios, pues su grafía se siguió usando como lengua sagrada siglos después de haber desaparecido como lenguaje hablado.

La referencia de los orígenes procedentes del periodo acadio (2350-2150 a.C.) y la primera época de Babilonia (1950-1500 a.C.) han llegado numerosos cilindros o sellos con representaciones de las muchas constelaciones clásicas tales como: Águila, Acuario, Tauro, Leo… y cada una representada por un dios.

Hay cilindros cerámicos que se remontan al denominado “renacimiento sumerio” correspondiente a la III Dinastía de Ur (2050-1950 a.C.) sucedido tras la caída de Acad  y en consecuencia, influenciados por los conocimientos vigentes en el período acadio.

Paradójicamente, muchas de las representaciones más antiguas de estas figuras no provienen de Sumer, sino de Elam, nación rival por excelencia de la primera. En esos sellos se ven representados muchos dioses tal y como están presentes en las constelaciones posteriores. Abundan figuras de leones, toros, escorpiones y otros tantos íconos mitológicos que sin duda fueron asociadas luego con las constelaciones.

Hoy se discute si esa serie de figuras divinas que aparecen en tales sellos, representan o no constelaciones y en qué medida su interpretación procede.
  


Cilindro-sello sumerio que aparentemente representa constelaciones zodiacales: de izquierda a derecha, Urgula, Pabilsag, Anunitu, Shamash/Utu (con un cuchillo en la mano), Simmah (la Golondrina), Ea/Enki y su ministro, Isimud.

Ya durante el periodo babilónico antiguo (1830 - 1530 a.C.) se destaca un texto llamado "Oración a los dioses de la noche", escrita en acadio donde se mencionan diez y siete ‘estrellas’ usadas para la práctica de técnicas adivinatorias. No se trata de un texto astronómico, sin embargo, el orden de los dioses y/o ‘estrellas’ es casi el mismo que aparece en las famosas tablas Mul-Apin.

Del periodo Cassita (1530-1160 a.C.), llamado así por la influencia de la tribu de invasores procedentes de Irán que sometió a Babilonia, e influenció las creencias tras su destrucción alrededor del 1600 a.C. por cuenta del rey hitita Murshil I, hasta el punto que se asimiló su cultura, para influir sobre gran parte de textos que hoy hablan del inmenso saber astronómico de esa época.

Uno de los textos más famosos que se pueden remontar a esta época son los conocidos como: Enuma Anu Enlil, que significa: ‘Cuando An y Enlil…’: pues Anu o An, junto con Enlil y Ea eran la trilogía de dioses sumerios más destacados. Los sellos Enuma Anu, fueron encontrados entre setenta tablillas de la biblioteca de Nínive, provenientes del rey asirio Asurbanipal (668-626 a.C.), aunque según parece, fueron redactados bajo el reinado babilonio Nabucodonosor I (1124-1103 a.C.). 

En los textos de Enuma Anu, se encuentran más de 7000 observaciones de fenómenos celestes tales como salida de estrellas, conjunciones planetarias, meteorología…, que se suman al corpus de conocimientos astronómicos babilonios de los que se sabe son anteriores a la época cassita, tal como igual lo son las Tablas de Venus redactadas bajo Ammi-saduqa (1646-1626 a.C.) uno de los sucesores de Hammurabi, donde se recogen varias salidas y puestas heliacas de Venus, así como varios eclipses de Sol, información que se ha utilizado para fechar el período de reinado de Hammurabi, y en relación con éste, el de la mayor parte de eventos acaecidos en la Mesopotamia durante el segundo y tercer milenio a.C.

A propósito, conviene no confundir el Enuma Anu con el Enuma Elish  que significa: ‘Cuando en lo alto…’, el poema del Génesis o la creación del mundo que se compila en siete tablillas con unas mil líneas, las cuales fueron encontradas el siglo pasado en Nínive, Asur, Kish y Sultantepe.

Pues bien, en el periodo (1350-1100 a.C.) hacen su aparición las primeras representaciones clásicas de las constelaciones, especialmente representadas en los denominados kudurrus o kudurreti palabra en plural acadio, que significa ‘límite’, ‘frontera’ o ‘territorio’.


Un kudurru es una estela grabada con valor de acta, que hace referencia a donaciones de terrenos e inmuebles en beneficio de una comunidad, grupo  o personaje importante. En estas estelas se representan los dioses mesopotámicos semitizados bajo los símbolos propios de cada uno, para intentar con su presencia garantizar la validez del documento y el compromiso de honrar su palabra.

Los símbolos introducidos en esa época, permiten una identificación directa de cada dios, incluso hacerlo por parte del pueblo en su mayoría analfabeto. En algunos de estos kudurrus, los símbolos de los dioses aparecen distribuidos aparentemente siguiendo la misma distribución presente en las constelaciones del cielo.

En estos kudurrus se ven algunas de las representaciones más antiguas y confirmadas de las constelaciones reconocidas como son: Águila, Hidra, Escorpio, Tauro, Triángulo, Leo, Sagitario, Capricornio o Acuario. En concreto, se puede decir que por lo menos seis de las constelaciones zodiacales clásicas tal y como hoy se conocen, provienen claramente de éste período, aun cuando su origen es seguramente muy anterior. Claramente se conservan: Tauro, Leo, Escorpio, Sagitario, Capricornio y Acuario.

Como lógico resultado, los arqueo-astrónomos han creado una verdadera disciplina, llamada “kudurrrología”, con la cual se intenta descifrar cada símbolo que aparece en esos monumentos. Naturalmente, es preciso destacar que las interpretaciones basadas en kudurrus, por no hablar también de las basadas en los cilindros-sellos, son subjetivas, y varían enormemente de un autor frente a otro.

Además, para ésta época, se describen por primera vez las distintas estrellas asociadas a cada mes, así como la sagrada asignación de las divisiones correspondientes a la bóveda terrestre: el norte para Enlil, o sea la región comprendida entre los trópicos de Cáncer y el de Capricornio; para Ea y para An y la parte inferior. Es más, a cada división celeste le correspondería una división geográfica: Enlil con Acad, An con Elam y Ea con Amurru.

Resulta ilustrativo ver que en dichas listas aparecen posibles menciones a las más variadas constelaciones zodiacales, tanto es así que en el texto de Enuma Elish, ya se habla de relacionar tres estrellas o en su defecto astros visibles, con cada una de esas zonas y más curioso aún, con un mes determinado.

“Resulta apropiado considerar que dentro de las futuras revelaciones de la astrología, será posible hallar el secreto de la exquisita coordinación que existe entre el alma y la forma. Pero esa versión de la astrología aún no ha llegado, pues es mucho lo que se pasa por alto o simplemente su esencia se desconoce, de modo que por ahora no es posible hacer de la astrología la ciencia exacta que algunos pretenden. La aseveración y el acceso a su propósito serán cumplidos en una fecha futura, una vez haya llegado el momento oportuno". Anónimo.

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martes, 5 de enero de 2016

LA ASTROLOGÍA (1)


LA ASTROLOGÍA (1)


 “…dejen al hombre creer cierta cosa un tiempo suficiente y con una fuerza suficiente y entonces la Naturaleza, hablando de una cierta forma, lo acepta de él. El pensamiento, siendo esencialmente siempre positivo, puede trabajar sobre el ‘anima mundi’ pasivamente y moldear la creencia a su voluntad. Charles E. Carter.

La astrología, corresponde a un conjunto de creencias que pretende entre otras cosas, entender, conocer y predecir el destino de las personas que son influenciadas por la energía de los astros y es a partir de éste conocimiento, que se define la forma como se pronostican con algún grado de certeza, eventos, sucesos y comportamientos futuros.

Contempla que para llegar a lograr dicho conocimiento es necesario dominar el arte de la observación, tanto de la posición, como del movimiento de los astros. Las personas que practican esta disciplina sostienen que la posición espacial del planeta, dentro de un marco temporal determinado, influye o se correlaciona con los rasgos de personalidad de los individuos, e inclusive afecta los eventos importantes en sus vidas, y que es más, hasta llega a influir en las características físicas y rasgos que los acompañan.

Etimológicamente el término astrología, significa: estudio de los astros. Proviene del griego: αστρολογία (astrología) derivado de άστρον (ástron): ‘estrella’ y λόγος (logos): ‘palabra, estudio o tratado’.

La reverencia por lo imponente del cielo y la inmensidad del contenido de su bóveda, corresponde a un factor común que se halla presente en todas las civilizaciones anteriores, desde las más antiguas, hasta las indígenas actuales.

Es lógico, si se tiene en cuenta que el ciclo vegetativo está regido por las estaciones y que éstas a su vez quedan puntual y precisamente determinadas por los movimientos cíclicos de los astros, marcando así la importancia del movimiento celeste que con el tiempo ha sido ligado con festividades, celebraciones y deidades.

Para los antepasados, la astrología y la astronomía concurrían consistentemente como una sola ciencia para realizar el estudio del comportamiento del cielo, ellas sólo fueron separadas como resultado de las tendencias del racionalismo, acaecidas luego de surgir el renacimiento, de la misma forma que en su momento llegó la separación de la alquimia y la química.

El uso de esta disciplina en el mundo actual, la hace considerar como un conocimiento válido, de forma tal que la convierte en una pseudo-ciencia. A nivel espiritual, alquimia es simultáneamente la ciencia y el arte de producir un cambio interior, de modo que ocurra en conformidad con la voluntad consciente de todo aquello que el observador desea experimentar.


Para la sociedad occidental moderna, el cielo y sus movimientos cíclicos, han perdido importancia, y aun cuando este fenómeno sigue ejerciendo una gran atracción en la gente, aparentemente ya no es fundamental para el desarrollo de la vida moderna, aislada de los efectos directos de la naturaleza, e imbuida dentro del microambiente creado por los campos de la ciencia y la tecnología.

Bien que se sepa por pruebas fehacientes, su práctica nació en Babilonia hace más de 5.000 años. Ha sido convertida en una mezcla de ciencia, religión, mitos y creencias. El estudio científico de la evolución de las estrellas a través del tiempo, se asocia con ciertos eventos, buscando identificar y predeterminar su real ocurrencia. La parte religiosa pretende interpretar las correlaciones entre los sucesos cósmicos y los terrestres, al buscar y predecir acontecimientos tales como la caída de los reyes o los resultados de ciertos combates o el destino de las guerras.

Indudablemente la observación del cielo proporcionó y perfeccionó ciertas herramientas de cálculo y bases de datos hoy a disposición de la astronomía y de la astrología actual, de los cuales, se resalta el marco gráfico actual del zodiaco, levemente obsoleto tal vez, puesto que las estrellas en su conjunto, al igual se mueven, en apariencia muy lentamente a través del tiempo, lo cual hoy se pone muy de relieve, bajo la medición efectuada por los avanzados instrumentos que brinda la astronomía actual.

Cada civilización ha manejado su propia astrología y de allí surgen además muchas y notables diferencias. Los egipcios aislaron la superstición y manejaron el tema científicamente, mejorando por ejemplo, la medición de los ángulos relativos a los astros y no sólo el aparente tránsito estelar.

Es innegable la estrecha relación que la humanidad se ha creado entre los astros y su regencia en el transcurso del tiempo, fenómeno marcado por la interpretación de los signos que se hace a partir de la ubicación de las casas a través de los signos y la regencia de los planetas que refleja la eclíptica celeste.

Resulta complicado determinar cómo se estableció la regencia de los planetas que prácticamente figura en todos los antecedentes, desde Ptolomeo hasta Noel Tyl, en la actualidad. Por espacio de varios siglos ese antiguo esquema de regencia estándar, estuvo hasta comienzos del siglo VI, cuando fue prohibido eficazmente por la Iglesia Católica, hasta casi su desaparición.

Mientras que el zodíaco era indudablemente reconocido en Babilonia inclusive hasta 5000 años atrás, se considera que fue alrededor del 520 a.C., cuando Cleostratos de Tenedos definió con mayor precisión, las doce casas que albergan los signos del zodiaco, al dividir la eclíptica en partes iguales.

Una gran cantidad de la información que hoy se tiene acerca de los babilonios antecedidos por los sumerios se ha rescatado a través del afortunado suceso de encontrar en sus ruinas, las 22.000 tablillas de arcilla que brindaron los textos y las representaciones acerca de su modo de vida, la disponibilidad de amplios conocimientos y las bases de sus arraigadas creencias.

En sus registros aparecen pruebas del conocimiento astronómico más avanzado y sofisticado de la antigüedad. Se les atribuye que agruparon las estrellas en los módulos y orden propios de las constelaciones, tal como hoy se reconocen hoy, y les dieron los nombres que aún se utilizan, junto con la asignación de localización dentro de la bóveda celeste. Incluyeron la existencia de todos los planetas del sistema solar, entre ellos Urano, Neptuno y Plutón, cuerpos celestes que sólo fueron encontrados recientemente gracias a los avances de la astronomía moderna.

Definieron el movimiento progresivo diario del sol en su sucesiva aparición en el horizonte, al punto que detectaron los momentos del año en los que el sol sale dos días en el mismo lugar. Es en esos dos días cuando el día y la noche tienen la misma duración, de modo que los identificaron como los puntos de referencia a los que denominaron equinoccios. A partir de esta medida del paso del tiempo, se empezó a contar el transcurrir de los ciclos de tiempo del planeta.

Se adoptaron los válidos conceptos de la astronomía esférica, la definición de los polos, la posición cambiante de los ejes de rotación, la eclíptica, la presencia de los solsticios y lo más sorprendente es que igual sabían sobre el ciclo llamado la precesión de los equinoccios que corresponde al cambio gradual en la orientación del eje de rotación del globo terráqueo, en una trayectoria circular alrededor del polo, similar al bamboleo de una almohadilla peonza cuyo ciclo se cierra cada 25.776 años.

Registraron también que el sistema solar gira alrededor de Alción, que se constituye en el sol central de las Pléyades, cuyo giro tarda 25.920 años en completar cada ciclo. De esta manera los sumerios hicieron coincidir el tiempo terrestre con el tiempo celeste, una inmensa medición que determina ciclos que son precursores de los más significativos cambios de la historia del planeta.

Como si fuera poco, dividieron el recorrido elíptico en doce cuadrantes de 2.160 años, denominadas eras sucesivas, dando a cada uno la representación de un ícono o un animal, en lo que tradicionalmente se denomina el zodiaco que sirve como base de los calendarios antiguos y modernos y por supuesto de la astrología como pseudo-ciencia.

La primera referencia literaria que menciona al día, la noche, el mes y el año, se registra en el poema Gilgamesh, escrito en caracteres cuneiformes y que narra las míticas aventuras de este jerarca de la ciudad sumeria de Uruk, quien vivió alrededor del año 2750 a.C. La escritura ya la habían desarrollado los sumerios se calcula sobre el año 3300 a.C. Luego, la biblia hace referencias a la semana y a la hora, más se sabe que los babilonios igual ya dividían el arco en grados y minutos.

Antiguos calendarios de Babilonia y Egipto refieren los ciclos lunares, cada mes duraba desde una luna creciente hasta la próxima, o desde una luna llena hasta la siguiente. Sin embargo, vale resaltar que antes que fuesen designados los signos, ya fueron establecidos los meses. Anónimo.

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