martes, 9 de febrero de 2016

LA ASTROLOGÍA (6)


“La astrología representa la suma de todos los conocimientos psicológicos heredados por el hombre desde la más rancia antigüedad”. Carl Gustav Jung.

La astrología es considerada por cuenta de su excelencia inherente, como la ciencia esotérica del futuro, pues en su objetivo primordial está a cargo de toda predicción. Su verdadero sentido no corresponde a marcar el destino, sino busca informar sobre las influencias que aparecen vigentes a través del tiempo, de modo que con ello, permite al observador prepararse a superar las situaciones, de manera tal que por medio de su andar pueda hollar correctamente el sendero que le corresponde transitar.

La primera aparición de múltiples dioses asociada con expresiones del arte egipcio tiene lugar alrededor de unos 1600 años a.C., esto es, en el curso de la decimoctava dinastía y la regencia de las deidades siguió y pasó con el tiempo hasta Alejandro El Grande (356-323 a.C.) época cuando se ve con claridad que los doce dioses egipcios relacionados con su calendario original, comenzaron a ser deidades asignadas a los meses que a la vez se convirtieron asimismo en las figuras protectoras de los signos del Zodíaco que les fueron asignados, cerrando de éste modo el tradicional ciclo de asociación de dioses, meses, astros y signos. Dichas pautas, fueron vigentes y trascendieron hasta los tiempos del imponente imperio romano y de allí continuaron hasta hoy, por supuesto con sus diferentes añadidos, interpelaciones e interpretaciones.

Al comienzo sin lugar a duda, los sumos sacerdotes aposentados en el imperio egipcio y de manera temprana, realizaron observaciones astronómicas. Sin embargo, la motivación primordial del calendario respondió a la necesidad vital de predecir con antelación a las temporadas de siembra y cosecha y en especial sobre los cambios de las condiciones meteorológicas y los movimientos migratorios de los animales salvajes que soportaban la caza.

Durante miles de años, los egipcios vivieron por cuenta de las inundaciones que a finales de junio regaban el valle del Nilo, cuando coincidiendo prácticamente con el acontecimiento de la aparición de Sirio en el cielo conocido como la ascensión helíaca de Sothis, alrededor del 20 de junio, se esperaba el fenómeno de la crecida del rio. Ese evento fue detectado probablemente alrededor de 3000 a.C. en cuanto los sacerdotes siempre observaban que justo antes de la inundación del Nilo y luego de casi medio año de ausencia de la bóveda celeste, Sirio volvía a aparecer radiante en el cielo nocturno.

De ésta forma, al contar el tiempo transcurrido entre una aparición de Sirio y la siguiente, se llegó a determinar con precisión que la duración del año era de 365 días, indicador que para entonces llamaron ‘Período de Sothis’ o ‘año de Sothis’ en honor a la estrella.

Pues bien, el intervalo de tiempo que sucede entre dos salidas en línea ‘helicoidal’ de esa estrella corresponde al año sidéreo o sideral, el cual en realidad no coincide exactamente con el verdadero año solar o del trópico, puesto que éste último determina la temporización o periodicidad de las estaciones. La razón por la no coinciden el año sideral y el año tropical es causada por cuenta de la precesión de los equinoccios que se produce de manera natural en el planeta. De todos modos, la diferencia entre ellos es relativamente pequeña y se acerca a 24 horas/año.

Entonces, dicho calendario que se basa en la observación de la salida ‘heliaca’ de Sirio, curiosamente la estrella más brillante del cielo visible a simple vista y que se produce cuando al cabo de un año, de nuevo resulta visible en el horizonte justo antes del amanecer, aparición que se da después de un intervalo de tiempo en el que la luz solar impide su visibilidad.

Las teorías astrológicas egipcias, por tradición han sido consideradas como producto de leyes cósmicas inmutables, aplicables a cualquier plano o manifestación de la vida y están basadas en un sistema de cronología sexagenaria, cuyos ciclos trabajan en forma circular, de modo que al llegar a su punto final, vuelven a empezar en una secuencia eterna que nunca concluye.

Su estructura contempla además la visión acompasada con ciertos grupos de estrellas que acompañan su tránsito por la bóveda celestial, siguiendo el mismo contexto asumido que relaciona la influencia de sus diversos dioses.

Los egipcios desarrollaron un calendario completo, exacto y complejo conocido desde de la más exigua antigüedad. El año egipcio constaba de doce meses de treinta días y era adicionado con un período adicional de cinco días, coincidiendo en esto con la propuesta del posterior concepto del calendario revolucionario.

Según algunos autores se trata de un concepto que desde la perspectiva astrológica actual no debería darse, puesto que la cultura egipcia no hizo ninguna contribución notable o esencial al desarrollo de la astrología que hoy se conoce.

Por otra parte, si bien la cultura egipcia floreció durante un largo período de cerca de 3000 años, de hecho, en principio sólo se practicó una astrología insipiente, renovada únicamente después de la caída del imperio como tal y marcada con la llegada de griegos y romanos quienes aparecieron sus "magos caldeos" portadores de conocimientos de una astrología más desarrollada.

Es en una etapa posterior, una vez surge la famosa biblioteca de Alejandría, magno recinto donde se recogió todo el conocimiento que al respecto, amén de tantos otros, fue proveniente de babilonios, persas y asirios, en una encomiable colección que fue perdida producto de un aparente inducido incendio. Afortunadamente, para la ciencia relacionada, Claudio Ptolomeo de Alejandría (100 -170) preservó algunos de tales conocimientos en su obra Almagesto, nombre árabe dado al tratado astronómico conocido en Grecia como Hè Megalè Syntaxis, o "El gran tratado".

Dicho compendio contiene el catálogo estelar más completo y reconocido de la antigüedad, el cual fue utilizado ampliamente durante siglos por los árabes, para luego llegar a Europa hacia la alta Edad media, y en cuyo cuerpo se describe el sistema geocéntrico y el movimiento aparente de las estrellas y los planetas para entonces contemplado.

La cosmología egipcia como concepto del mundo igual era geocéntrica, donde la estructura del universo tenía la Tierra como punto de referencia y centro del universo. Alrededor de ella estaban claramente la luna y el sol, mientras Mercurio y Venus también giraban alrededor del Sol, en tanto los planetas exteriores como Marte, Júpiter y Saturno giraban concéntricamente alrededor de la Tierra.

Los egipcios fueron también usuarios del modelo de calendario solar que todavía se utiliza hoy. Sin embargo para la regulación cotidiana de la vida, tal como sucede y ha sucedido con prácticamente todas las culturas antiguas, se utilizó el calendario lunar.

De igual manera, la clase sacerdotal aprendió a calcular los plazos de eclipses de sol y de la luna, lo que les dio un gran poder sobre el pueblo, ya que en un promedio de cuatro veces al año siempre aparecía el argumento del ‘látigo de castigo de los dioses’, silogismo amenazador utilizado para amedrentar la gente en la práctica de su dominación.

Se sabe que tenían conocimiento e identificaban las estrellas principales y les eran familiares muchas constelaciones, de las cuales sólo cuatro o cinco, corresponden a las constelaciones zodiacales luego tradicionales.

Esto fue lo que posteriormente en el marco de los babilonios, los persas y los asirios, condujo a mayores conocimientos astronómicos y con ello, se llegó al desarrollo de una sabiduría de las estrellas de gran complejidad, gracias a la cual, hoy se dispone de la actual astrología.

Con relación al zodiaco como producto del análisis de las órbitas de los planetas y su influencia en el comportamiento, se considera que en un principio los egipcios no sabían mucho al respecto, porque por ejemplo, no tenían muy clara la separación de estrellas y planetas.

Por tanto, la religión de los egipcios no era una religión dependiente de las estrellas. Y así permaneció por centurias, pues no se le veía suficiente utilidad práctica. Nunca se llegó al concepto de la búsqueda y exploración de la voluntad de los dioses que se movían con su modo de pensar a través del cielo, a diferencia del caso de los sumerios quienes ya estaban en el tema alrededor del 2200 a.C., fenómeno de análisis que llevó más tarde a los babilonios, los persas y los asirios a disponer de un mayor conocimiento astronómico, y por ende conllevó el desarrollo de una sabiduría de gran complejidad con respecto al tema de las estrellas que a su vez derivó en la fundamentación de la astrología actual.

El concepto del mundo así representado proviene del período final del imperio egipcio  inducido por Roma, poco antes del inicio de la era cristiana. No se trata de un modelo original de Egipto, sino que probablemente fue adoptado de los babilonios y caldeos.

Esto queda claramente documentado mediante el zodíaco de Denderah (aprox. 100 a.C.) que, en contra de la opinión de muchos astrólogos, de ningún modo es el zodíaco más antiguo conocido, sino una fiel copia de un zodíaco babilónico, éste sí, unos 1.000 años más antiguo.

Pues bien, en el Egipto tardío, cuando una persona nacía se asociaba su nombre con el nombre de un dios correspondiente, de manera que a partir de la fecha de su cumpleaños encontraba asociado el signo, las características y las funciones que le asignaba la costumbre de ésta antigua civilización.



Naturalmente, se hace una relación de constelaciones zodiacales con los dioses regentes más llamativos y se asigna una correspondencia, más no sucede así con aquéllas deidades más débiles o menos reconocidas.

El primer referente habla del zodiaco de Denderah que forma parte del antiguo concepto egipcio sobre el mundo real visto en la representación del cielo asignado a la diosa Nut, venerada en Luxor, en el templo o cenotafio de Setis I alrededor del año 1300 a.C. y en la tumba de Ramsés IV datado en 1155 a.C.

El mundo es imaginado como una limitada placa plana o un disco que se encuentra dentro de la bóveda celeste, dentro de la cual, la diosa del cielo mueve las estrellas de oriente a occidente que después de la puesta del sol, son transportadas de vuelta hacia el este a través del mundo subterráneo.

“Al ser libres de pensar, nada interferirá con esa libertad”. Anónimo.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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ETIQUETAS: Astrología, zodiaco, horóscopo, almanaque, calendario, mitología, retrospectiva, cosmovisión, tiempo, sumerios, tradición, humanidad, historia.

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