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jueves, 9 de octubre de 2014

LA JUSTIFICACIÓN (II)

“En el sendero de retorno se han de encontrar rastros del pasado olvidados por el tiempo que borra las huellas de antiguas experiencias. Reconocer ese hilillo de flujos energéticos que han sido recorridos hasta llegar al punto final de la manifestación y regresar a la fuente de donde se partió, es una labor profundamente esotérica y la culminación de todos los esfuerzos iniciados que han sido emprendidos por todos los grandes hombres de la humanidad”. Saint Germain.
 
Al recorrer “Un Sendero a Lontananza”, son muchas las enseñanzas encubiertas que revelan una serie de recuerdos impresos en la memoria omnipresente que sin duda y por su propia voluntad, habrán de ser estudiados en su debida oportunidad y con mayor detenimiento por parte de cada observador.
Con la disciplina propia de las personas dedicadas a la búsqueda de la excelencia, poseedoras de una mente abierta a los diferentes conceptos y sorpresas no esperadas, cada uno debe embarcarse en la aventura que se inició desde un tiempo inmemorial, cuando todo fue emanado, desde la fuente prístina ‘Padre-Madre’ del río de la vida.
Ya desde el tiempo de Lao Tsé, se indicaba que el mundo está lleno de maestros iluminados, pero a medias. Algunos han sido reconocidos como extremadamente inteligentes y sensibles, pero seducidos por vivir cómodamente en el mundo material, han sido rodeados de placeres egoístas y erróneamente dan sus enseñanzas a los incautos, causando confusión, faltando a la verdad y desviando el camino correcto.
El verdadero observador entiende que la iluminación no es el fin, sino un simple instrumento que permite al hombre levantarse en forma consciente por encima del pensamiento mismo y abordar la esencia de la vida.
Al caer en cuenta que la virtud es la meta, el observador acepta su largo y arduo cultivo, a menudo tan necesario para lograr su objetivo. Así, no pretende convertirse en un líder altisonante, sino que en voz baja, asume la responsabilidad que recae sobre sí, por cuenta de la particular actuación del Ego.
Sin el apego a la figuración que da el logro, el mensajero guía al mundo, compartiendo su energía con sus seguidores, brindando evidencia para fortalecerlos, llamando la atención hacia el despertar y dirigiendo la corriente de vida hacia el océano infinito que ofrece el destino a todo y a todos.
Quien con sinceridad aspire y asista a esta clase de maestría, debe abandonar los hábitos y las actitudes negativas y sin excepción, cotidianamente extender su virtud hacia el mundo real.
Debe hacerlo con dedicación inquebrantable, respeto, humildad y servicio, virtudes que se requieren para ser un auténtico hijo, padre o madre, hermano o hermana, amigo o un verdadero discípulo, sólo así, se alcanzará el dominio de sí mismo, de modo que una vez conseguido, ya se podrá ayudar a los demás a buscar hacer lo mismo.
Su devenir corresponde a la ruta propuesta para lograr el retorno al origen, esto es, volver al así considerado punto de partida, a ese centro misterioso de donde alguna vez llegaron las emanaciones procedentes de la Matriz Causal, de donde surgieron absolutamente todas las energías, formas y creaturas del universo.
En la búsqueda de las raíces, se encuentran aspectos tan misteriosos como interesantes. Aparecen huellas del pasado que llegan hasta hoy, convertidas en señales cósmicas, los mismos rastros que la humanidad ha dejado desde que hizo su aparición en la tierra y cuyos motivos se han ido grabando indeleblemente en el universo. Se trata de un destello de ‘Verdad’, seguido sin pausa por grandes pensadores, el cual no debe desaparecer en el espacio vacío, pues no se trata de un espejismo  en el desierto, sino de una auténtica búsqueda de la humanidad entera, en su fugaz intento por acortar el camino hacia la ascensión.
Desde otro punto de vista, igual se trata de un auténtico encuentro consigo mismo, un volver la vista atrás y revisar lo que la experimentación voluntaria del observador, ha sido. Al profundizar sobre las causas que originaron el olvido, se busca escudriñar las voces que hablan desde muy adentro, para redescubrir la esencia del Ser que ha quedado olvidada.
Un viaje de retorno a algunas de las causas que llevaron a un mundo multi-fascinante salpicado de secretos, en el marco de un paisaje que revela algunos arcanos que encierran las huellas del pasado y un plano de manifestación del reino físico o mundo de las formas, hogar donde habita la familia humana.
La esencia del comportamiento, ha provocado cambios en la superficie el planeta, su energía ha modificado el entorno y ha moldeado un cuerpo de manifestaciones; el reino animal que ha respondido a este estímulo, produciendo un molde de donde partieron los padres de la raza, definiendo las características propias de lo que hoy se denomina ‘Vida Inteligente’.
Numerosas civilizaciones antiguas parecían saber una cantidad sorprendente de eventos y elementos, sobre cómo funciona la energía en el universo, tal vez fueron guiadas por avanzados seres extraterrestres que las visitaron hace mucho tiempo, dejándolos comprometidos tal vez, a transmitirla a través de textos, las tradiciones orales, iconos y otros medios.
Es posible que en su momento no hayan contado con la tecnología o los recursos para utilizar plenamente ese conocimiento, sin embargo, parece que hubo quienes aun sabiendo el código, ocultaron este enorme potencial para la humanidad. Ahora se debe aprender a armonizar mejor con el flujo del universo para acceder a la energía abundante y alcanzar el estado de consciencia que se conoce como armonía o amor, punto que tanto se necesita para crear un planeta próspero.
Parafraseando a los Hab-Ba-Sis, quienes sostienen que lo que sucede es que a veces se encuentran contradicciones aparentes o evidentes sobre un mismo aspecto y por principio la razón trata de rechazar todo aquello que no está de acuerdo con lo antes aprendido y ahora dado por sabido, haciendo que de esta forma, se sacrifique el acceso a un nuevo y valioso conocimiento.
En este caso como se ha dicho, para el observador es necesario adoptar una actitud abierta y admitir que a veces, lo conocido es sólo parte de la verdad y que en la trasmisión de la supuesta verdad han intervenido una serie de intereses que han llegado a deformarla, según haya sido el momento histórico y cultural de su trasmisión o el resultado de la alteración, producto del simple alcance del entendimiento o de cualquier otra interpretación que haya sido manifiesta.
Hoy aparece una gran diferencia con respecto al manejo de la información dada en otras épocas, ya que a partir del hallazgo y traducción de las tablillas sumerias, los acadias, babilónicas y tantas otras enseñanzas provenientes de los esenios, los mayas, los vedas y demás culturas del oriente, con ellas, es posible atar una serie de cabos sueltos que por cuanto son difíciles de descifrar, han creado en el observador desaplicado, un verdadero galimatías de mitos y leyendas, acompañados junto con la presencia de innumerables dioses y personajes.
Las profecías Mayas que hablan acerca de los cambios en la Tierra previstos a sucederse para fines de 2012, han sido analizadas varios años y aún hoy siguen siendo estudiadas y descifradas. Si bien la supuesta fecha apocalíptica del 21 de diciembre de 2012 pasó como si fuese un día más de la vida del planeta, indudablemente no se puede negar que durante los últimos años han tenido lugar una serie de acontecimientos que de algún modo, vienen contribuyendo a la idea de un significante cambio de la forma como se ve el mundo.
La difusión de los mensajes de las profecías Mayas contribuyó ineludiblemente a un despertar de la conciencia sobre la Tierra. Aunque desde siempre hubo personas que consideraron al planeta como un ser vivo, sin duda desde que se comenzó a hablar del 2012, los ‘mortales comunes’, han cambiado su limitada perspectiva, ahora con el respaldo de los avances de la ciencia.
Así, hoy se comprenden las relaciones entre el planeta y los ciclos solares, la rotación, mientras la conciencia de la influencia del tiempo va más allá de la simple medida dada por el reloj, revisando la sabiduría ancestral y del modo como desde hace tiempo, se hablaba de ciertos fenómenos que hoy presenta la física cuántica como ciertos.
Los científicos estudian desde hace algún tiempo los movimientos energéticos de la Tierra y poco a poco, se acercan al concepto de lo que Mayas e Incas ya sabían: “La Tierra tiene una energía propia en movimiento”. Ellos la llamaron Kundalini y calcularon que cada 13 mil años, ese eje energético que une el centro de la tierra con la superficie, se mueve.
La Kundalini une a la Tierra con el corazón de las personas, y es por esto que allí donde ella está, la espiritualidad se vuelve más fuerte Los Incas sostenían que hay tres tipos de gente:
  •  Los que tienen conocimiento (Yachay) asociado a la intelectualidad
  •  Los que tienen amor y sentimientos (Munay) asociado a la armonía.
  •  Los que tienen la habilidad de manifestar (Llankay) asociado con la fuerza física.
La “Serpiente de Luz”, la Kundalini, vive en las cordilleras, pues las altas cumbres unen el cielo y la Tierra en su despertar. Se vislumbra que se está cumpliendo la profecía Maya y el mundo que conocido hasta ahora, está cambiando para siempre. Pero la Kundalini comenzó a moverse hace unos años y los incas y los mayas predijeron este movimiento y hablaron de la unión del sentimiento y la acción. La profecía del encuentro del Águila y el Cóndor personificó la unión de amor y voluntad, tendencia que ya puede verse presente en la nueva espiritualidad.
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El interpretado como: “Fin de los tiempos” no fue un cataclismo, corresponde a un cambio de la forma de ver las cosas desde la mente, basada en una renovada voluntad.  Hoy la ciencia cada vez más camina al lado de la espiritualidad: primero descubrió que la mente-pensamiento, tienen una vibración que puede cambiar la realidad que lo rodea. El pensamiento no puede prescindir del sentimiento, en especial cuando es positivo. Recientemente se ha ido hilvanando el tejido de datos, para darse cuenta que son básicamente los mismos eventos, con diferentes nombres en cada región, cultura y época.
Ciertamente, se ha desenredado una gran parte de la madeja entera y cada vez más, se acerca el momento de cumplir el más profundo precepto que dice: “Todo lo que está oculto, ahora debe ser develado”.
Personas de la actual generación y de futuras descendencias que estudien y practiquen la verdad de las enseñanzas supremas, serán bendecidas. Obtendrán la sutil luz de la sabiduría, la poderosa espada de la claridad que atraviesa todos los obstáculos y la comprensión de la mística que impregna al universo entero. El logro del entendimiento de la verdad integral, vendrá después de encarnar esta dura realidad, lo que convertirá las personas, en seres totales, valientes, indestructibles e innombrables. Cada uno tiene su propia concepción y visión de sí mismo, del mundo y del universo, la cual a su vez está limitada por el propio entendimiento particular; aun cuando al final la vida, es un asunto simple que relaciona el todo con la individualidad, pues el universo no es otra cosa que la suma de la totalidad de las individualidades.
Sobra decir que la comprensión de estos conceptos, lleva necesariamente al redescubrimiento de sí mismo, y que el hecho de comentar y participar éste mensaje, jamás podrá sustituir a la investigación juiciosa que cada observador en su debido transitar, ha de realizar por su propia iniciativa individual.
 
"Las ideas y sus frutos no me pertenecen, estaban ahí cuando llegué. Las tomé prestadas de grandes pensadores como Aristóteles, Li Er, Jesús de Nazaret, Maquiavelo, Lao Tsé y tantos otros. Jugué con ellas sin permiso para producir nuevos matices, de las mismas enseñanzas. Para la posteridad y con mi agradecimiento para todos, ¡Ahí quedarán cuando me aleje!" Dennis Hebron.
 

Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242
Autor: Daniel García Vanegas.
Dar sus comentarios a mayorideas@gmail.com

 

martes, 30 de septiembre de 2014

LA JUSTIFICACIÓN (I)

  
"Yo no busco saber las respuestas, busco comprender las preguntas." Confucio.

El observador desprevenido, se ha tomado el tiempo necesario para desarrollar el contenido de lo que desde un principio ha sido considerado de vital importancia para analizar el fin último de los temas tratados por las ciencias humanas y buscando dejar latente en el observador, la inquietud que brota desde la más profunda: ‘Semilla de Inquietud’.

En general, el intelecto del observador cabalga sobre aspectos amables, ampliamente conocidos y debatidos, sin embargo, en ocasiones se acerca a tratar temas algo más densos que requieren una más amplia concentración y obligan al lector a disponer de una mente abierta, esto, para acercarse con la debida propiedad al trasfondo de los asuntos que al final le comunican con su propio: ‘Habitante Interior’.

Sabiendo que los valores son parte fundamental de la naturaleza humana, se ha realizado un acercamiento en esta obra, partiendo de la necesidad básica de intentar comprender de una mejor manera, el significado que de ellos, ha sido pregonado por la filosofía de los valores.

A la luz de la novedad que acompaña los actuales planteamientos de funcionamiento del cerebro y resaltando el significado de entender, se reconoce que todo el control, manejo y perfeccionamiento de los conceptos, únicamente están en manos de la voluntad y proyección de cada individuo en particular. El término individuo significa: ‘No Dividido’ y por tanto resalta que cada quien es un ejemplar único dentro de la multiversal existencia.

Esto lleva a reconocer la importancia que tiene para la vida, el permanecer como persona consciente de la inminente necesidad de mejorar siempre, en busca de las pretendidas realización y felicidad, consideradas como la máxima panacea de alcance posible de cualquier ser humano, lo que como consecuencia derivada, por permeabilización, trae un marcado beneficio para todos los miembros de la comunidad humana.

Toda persona en su discurrir ha aceptado un cargamento voluminoso de ideas ajenas, esto, como producto de una inmensa acumulación de opiniones, convicciones o conceptos, muchos de ellos errados o impuestos, e inclusive contrarios a la verdad, esto significa que hay elementos que hasta entran en conflicto con los principios básicos universales, de modo que afectan todos los hechos naturales de la vida diaria, perturbando en su transitar, los vehículos portadores de los aspectos generadores de la vida humana, como son: el cuerpo, el espíritu, el alma, la consciencia, la mente, la razón y el pensamiento.

Se advierte además que dicho cargamento de nociones que porta el hombre, ha sido aceptado, muchas veces sin llegar a producir cuestionamiento alguno; esto es, que su adopción se hace, sin ni siquiera intentar utilizar el derecho de uso de la decisión que proporciona el 'Libre Albedrío', para al final por omisión o descuido, llegar a abandonar el derecho de escoger, sea para aceptar o para rechazar, sus contenidos.

Por ejemplo, se supone que si no se hubiesen aceptado ciertos elementos negativos como propios, otro sería el enfoque general de la vida, pues no hay poder en el mundo que pueda atacar, ni convencer al subconsciente para que actúe de ninguna forma distinta, de aquella cómo ha sido constituido y conformado a través del tiempo y de la vida.

Generalmente, al momento de empezar el desarrollo de cualquier nueva actividad, ya sea para iniciar una ocupación, arte u oficio, previamente se estudia, es más aún, se entrena la forma cómo realizarlo, pues la experiencia indica que en función de la calidad de la preparación, es posible obtener los mejores resultados posibles de todo aquello que allí se deriva.

Pero contradictoriamente, sucede que para efectuar la labor más importante de todas, como es: ‘la práctica del vivir bien la vida’, es triste que para ello, la persona no se le prepara, ni mucho menos se entrena en forma consciente, consistente y permanente, como sería lo ideal que fuese realizado desde su más tierna infancia y como debe ser la obligación de forjar cada uno, a partir de disponer de su propio uso de razón.

Al vivir bajo la permanente presión proveniente de la angustia diaria, ésta se sumerge dentro del subconsciente y se disfraza con el entorno, de modo que tergiversa en el observador su verdadero sentido de existencia y en consecuencia, éste pasa por alto su verdadera y profunda razón de ser, olvidando entonces, el propósito fundamental de la vida.

Dentro de la limitada capacidad del cerebro humano, aun hoy resulta muy atrevido siquiera pretender dar una explicación que resulte suficiente para entender el fenómeno implícito de la vida y mucho menos, siquiera pretender ver o entender, su verdadera trascendencia.

En este punto de la idea, se debe recordar que cualquier proceso de cambio por leve que éste sea, requiere primero del paso de ‘desaprender lo aprendido’, para luego si adoptar, el indispensable proceso de ‘re-aprendizaje’.

Un Sendero a Lontananza’, no es otra cosa que un sutil acercamiento a una pretendida explicación de una serie de dudas sistémicas que surgen del tránsito personal por la vida de un observador desprevenido, en un pertinaz intento de lograr una aproximación a la verdad.

La verdad, corresponde a la condición de un viaje, reflejo fiel o acertado del andar por la vida, donde desde luego interviene el reconocimiento de la existencia real, tanto física como metafísica y su interpretación obedece a la experiencia particular de cada uno, que haya sido  adquirida por cada transeúnte.

Este ensayo pretende acercarse a la realidad en una forma enunciativa, alegórica y sin misterios, pues busca llevar al observador a través de un soliloquio narrativo basado en la intertextualidad universal, y así ayudar a encontrar una ruta del fluir en el placer que produce el mejor entendimiento de la naturaleza humana, esto en un todo conforme con el lineamiento del pensamiento aristotélico que pregona el logro de un mejor vivir, cuyo postulado mayor dice que hay que hacerlo de una manera: “íntegra, consecuente y perdurable”.

En algunos casos se utilizan figuras alegóricas para ‘hablar figurativamente’, pretendiendo representar alguna idea, usando diferentes recursos metafóricos, textuales, gráficos o figurativos, básicamente con una clara intención retórica, didáctica o aclaratoria, acudiendo aún hasta la ficción, para representar algo que resulte complementario, diferente o análogo, con relación al tema tratado considera que la percepción simbólica, opera para facilitar la transmutación de ciertos datos inmediatos que resultan transparentes. Sin la aplicación de esa transparencia requerida, resultaría imposible lograr pasar de un plano a otro.

Recíprocamente, el hombre vive en un mundo gobernado por principios o leyes físicas y mentales, cuyo conjunto se define en principio como: “La ley invariable que no falla jamás”.

La metafísica contempla el estudio de las leyes mental-espirituales. Esto se cumple al reconocer que nada se mueve en este universo sin el cumplimiento de ellas, ni de la presencia de su inmensa concatenación; sin embargo, el tan amplio desconocimiento de un reflejo comprobado, llega en última instancia a derivar en los criterios afirmados por la ciencia o por la simple práctica.

En el contenido se revisa con cierta discreción la interrelación de las creencias fundamentales de vida atesoradas por las culturas de oriente y de occidente, frente a la administración mental general establecida de los recursos físicos y espirituales disponibles.

En algún momento se mira la confluencia de las fuerzas relacionadas con los puntos energéticos dentro de un modelo de estructura cerebral, esto es, se establece la relación energía-cerebro y las condiciones preponderantes de las fuerzas vitales que rigen su conjunto, enmarcadas en el sentir de: realidad-pensamiento-sentimiento.

Muchas veces, para el individuo en su limitada expresión se desdibuja y no aparece favorable la oportunidad para el logro de una vida mejor que aquella que está llevando, esto, porque el mensaje que se ha recibido, constantemente resulta errado o contempla miedos y de promesas negativas, de manera que en su desorden forman un nudo tal que desde su posición real, no se permite un adecuado desenlace de los eventos deseables.

Es en forma de contraposición que se pretende resaltar que el hombre, dispone del hecho extraordinario de la existencia al alcance de todos y que puede y debe ser reconocido en su pleno valor, esto corresponde a que cada uno debe tomar el dominio consciente de su propia mente y manejar el invaluable poder disponible, como la mejor herramienta para llegar a entender para entonces poder trascender.

Lo cierto es que resulta importante tomar consciencia de preparar durante esta vida, el equipaje para cumplir con plenitud, la continuidad de un viaje satisfactorio, sea con retorno o sin él, cuando llegue el momento definitivo del sustancial reconocimiento del Ser.

Innumerables experiencias reveladas muestran que al final, siempre se llega al destino, sin embargo, es un deber individual procurarse un buen pasar a través de los estados obligados que la vida le impone a cada viajero, los que no son otra cosa que la serie de manifestaciones particulares que por su presencia, comprueban y reafirman la existencia del ente individual.

Es así como, en su gran capacidad, el ser humano tiene la facultad de reconocerse a sí mismo, a los demás humanos, a todas las demás formas de vida y con alguna mayor dificultad, a aquilatar la unidad del medio y concebir el Todo como la presencia de la unidad, la igualdad y la verdad.

La inspiración recibida de Saint Germain en su texto denominado “El Camino de Retorno” manifiesta de alguna manera un mensaje que resulta trascendental para el propósito de éste escrito y que dice a la letra:

“Más allá del tiempo y del espacio de las conciencias humanas y divinas, más allá de todo lo concebible, reside la fuente de donde ha emanado toda la vida, y todo lo demás, es el eco de la creación que fue generada eones de tiempo atrás, sólo se percibe lo que se asemeja a cada ser en su estado, siendo literalmente incapaces de percibir aquello que es esencialmente diferente”.




Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242
Autor: Daniel García Vanegas.
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