martes, 30 de septiembre de 2014

LA JUSTIFICACIÓN (I)

  
"Yo no busco saber las respuestas, busco comprender las preguntas." Confucio.

El observador desprevenido, se ha tomado el tiempo necesario para desarrollar el contenido de lo que desde un principio ha sido considerado de vital importancia para analizar el fin último de los temas tratados por las ciencias humanas y buscando dejar latente en el observador, la inquietud que brota desde la más profunda: ‘Semilla de Inquietud’.

En general, el intelecto del observador cabalga sobre aspectos amables, ampliamente conocidos y debatidos, sin embargo, en ocasiones se acerca a tratar temas algo más densos que requieren una más amplia concentración y obligan al lector a disponer de una mente abierta, esto, para acercarse con la debida propiedad al trasfondo de los asuntos que al final le comunican con su propio: ‘Habitante Interior’.

Sabiendo que los valores son parte fundamental de la naturaleza humana, se ha realizado un acercamiento en esta obra, partiendo de la necesidad básica de intentar comprender de una mejor manera, el significado que de ellos, ha sido pregonado por la filosofía de los valores.

A la luz de la novedad que acompaña los actuales planteamientos de funcionamiento del cerebro y resaltando el significado de entender, se reconoce que todo el control, manejo y perfeccionamiento de los conceptos, únicamente están en manos de la voluntad y proyección de cada individuo en particular. El término individuo significa: ‘No Dividido’ y por tanto resalta que cada quien es un ejemplar único dentro de la multiversal existencia.

Esto lleva a reconocer la importancia que tiene para la vida, el permanecer como persona consciente de la inminente necesidad de mejorar siempre, en busca de las pretendidas realización y felicidad, consideradas como la máxima panacea de alcance posible de cualquier ser humano, lo que como consecuencia derivada, por permeabilización, trae un marcado beneficio para todos los miembros de la comunidad humana.

Toda persona en su discurrir ha aceptado un cargamento voluminoso de ideas ajenas, esto, como producto de una inmensa acumulación de opiniones, convicciones o conceptos, muchos de ellos errados o impuestos, e inclusive contrarios a la verdad, esto significa que hay elementos que hasta entran en conflicto con los principios básicos universales, de modo que afectan todos los hechos naturales de la vida diaria, perturbando en su transitar, los vehículos portadores de los aspectos generadores de la vida humana, como son: el cuerpo, el espíritu, el alma, la consciencia, la mente, la razón y el pensamiento.

Se advierte además que dicho cargamento de nociones que porta el hombre, ha sido aceptado, muchas veces sin llegar a producir cuestionamiento alguno; esto es, que su adopción se hace, sin ni siquiera intentar utilizar el derecho de uso de la decisión que proporciona el 'Libre Albedrío', para al final por omisión o descuido, llegar a abandonar el derecho de escoger, sea para aceptar o para rechazar, sus contenidos.

Por ejemplo, se supone que si no se hubiesen aceptado ciertos elementos negativos como propios, otro sería el enfoque general de la vida, pues no hay poder en el mundo que pueda atacar, ni convencer al subconsciente para que actúe de ninguna forma distinta, de aquella cómo ha sido constituido y conformado a través del tiempo y de la vida.

Generalmente, al momento de empezar el desarrollo de cualquier nueva actividad, ya sea para iniciar una ocupación, arte u oficio, previamente se estudia, es más aún, se entrena la forma cómo realizarlo, pues la experiencia indica que en función de la calidad de la preparación, es posible obtener los mejores resultados posibles de todo aquello que allí se deriva.

Pero contradictoriamente, sucede que para efectuar la labor más importante de todas, como es: ‘la práctica del vivir bien la vida’, es triste que para ello, la persona no se le prepara, ni mucho menos se entrena en forma consciente, consistente y permanente, como sería lo ideal que fuese realizado desde su más tierna infancia y como debe ser la obligación de forjar cada uno, a partir de disponer de su propio uso de razón.

Al vivir bajo la permanente presión proveniente de la angustia diaria, ésta se sumerge dentro del subconsciente y se disfraza con el entorno, de modo que tergiversa en el observador su verdadero sentido de existencia y en consecuencia, éste pasa por alto su verdadera y profunda razón de ser, olvidando entonces, el propósito fundamental de la vida.

Dentro de la limitada capacidad del cerebro humano, aun hoy resulta muy atrevido siquiera pretender dar una explicación que resulte suficiente para entender el fenómeno implícito de la vida y mucho menos, siquiera pretender ver o entender, su verdadera trascendencia.

En este punto de la idea, se debe recordar que cualquier proceso de cambio por leve que éste sea, requiere primero del paso de ‘desaprender lo aprendido’, para luego si adoptar, el indispensable proceso de ‘re-aprendizaje’.

Un Sendero a Lontananza’, no es otra cosa que un sutil acercamiento a una pretendida explicación de una serie de dudas sistémicas que surgen del tránsito personal por la vida de un observador desprevenido, en un pertinaz intento de lograr una aproximación a la verdad.

La verdad, corresponde a la condición de un viaje, reflejo fiel o acertado del andar por la vida, donde desde luego interviene el reconocimiento de la existencia real, tanto física como metafísica y su interpretación obedece a la experiencia particular de cada uno, que haya sido  adquirida por cada transeúnte.

Este ensayo pretende acercarse a la realidad en una forma enunciativa, alegórica y sin misterios, pues busca llevar al observador a través de un soliloquio narrativo basado en la intertextualidad universal, y así ayudar a encontrar una ruta del fluir en el placer que produce el mejor entendimiento de la naturaleza humana, esto en un todo conforme con el lineamiento del pensamiento aristotélico que pregona el logro de un mejor vivir, cuyo postulado mayor dice que hay que hacerlo de una manera: “íntegra, consecuente y perdurable”.

En algunos casos se utilizan figuras alegóricas para ‘hablar figurativamente’, pretendiendo representar alguna idea, usando diferentes recursos metafóricos, textuales, gráficos o figurativos, básicamente con una clara intención retórica, didáctica o aclaratoria, acudiendo aún hasta la ficción, para representar algo que resulte complementario, diferente o análogo, con relación al tema tratado considera que la percepción simbólica, opera para facilitar la transmutación de ciertos datos inmediatos que resultan transparentes. Sin la aplicación de esa transparencia requerida, resultaría imposible lograr pasar de un plano a otro.

Recíprocamente, el hombre vive en un mundo gobernado por principios o leyes físicas y mentales, cuyo conjunto se define en principio como: “La ley invariable que no falla jamás”.

La metafísica contempla el estudio de las leyes mental-espirituales. Esto se cumple al reconocer que nada se mueve en este universo sin el cumplimiento de ellas, ni de la presencia de su inmensa concatenación; sin embargo, el tan amplio desconocimiento de un reflejo comprobado, llega en última instancia a derivar en los criterios afirmados por la ciencia o por la simple práctica.

En el contenido se revisa con cierta discreción la interrelación de las creencias fundamentales de vida atesoradas por las culturas de oriente y de occidente, frente a la administración mental general establecida de los recursos físicos y espirituales disponibles.

En algún momento se mira la confluencia de las fuerzas relacionadas con los puntos energéticos dentro de un modelo de estructura cerebral, esto es, se establece la relación energía-cerebro y las condiciones preponderantes de las fuerzas vitales que rigen su conjunto, enmarcadas en el sentir de: realidad-pensamiento-sentimiento.

Muchas veces, para el individuo en su limitada expresión se desdibuja y no aparece favorable la oportunidad para el logro de una vida mejor que aquella que está llevando, esto, porque el mensaje que se ha recibido, constantemente resulta errado o contempla miedos y de promesas negativas, de manera que en su desorden forman un nudo tal que desde su posición real, no se permite un adecuado desenlace de los eventos deseables.

Es en forma de contraposición que se pretende resaltar que el hombre, dispone del hecho extraordinario de la existencia al alcance de todos y que puede y debe ser reconocido en su pleno valor, esto corresponde a que cada uno debe tomar el dominio consciente de su propia mente y manejar el invaluable poder disponible, como la mejor herramienta para llegar a entender para entonces poder trascender.

Lo cierto es que resulta importante tomar consciencia de preparar durante esta vida, el equipaje para cumplir con plenitud, la continuidad de un viaje satisfactorio, sea con retorno o sin él, cuando llegue el momento definitivo del sustancial reconocimiento del Ser.

Innumerables experiencias reveladas muestran que al final, siempre se llega al destino, sin embargo, es un deber individual procurarse un buen pasar a través de los estados obligados que la vida le impone a cada viajero, los que no son otra cosa que la serie de manifestaciones particulares que por su presencia, comprueban y reafirman la existencia del ente individual.

Es así como, en su gran capacidad, el ser humano tiene la facultad de reconocerse a sí mismo, a los demás humanos, a todas las demás formas de vida y con alguna mayor dificultad, a aquilatar la unidad del medio y concebir el Todo como la presencia de la unidad, la igualdad y la verdad.

La inspiración recibida de Saint Germain en su texto denominado “El Camino de Retorno” manifiesta de alguna manera un mensaje que resulta trascendental para el propósito de éste escrito y que dice a la letra:

“Más allá del tiempo y del espacio de las conciencias humanas y divinas, más allá de todo lo concebible, reside la fuente de donde ha emanado toda la vida, y todo lo demás, es el eco de la creación que fue generada eones de tiempo atrás, sólo se percibe lo que se asemeja a cada ser en su estado, siendo literalmente incapaces de percibir aquello que es esencialmente diferente”.




Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
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Autor: Daniel García Vanegas.
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martes, 23 de septiembre de 2014

LA ENTIDAD

“Debemos engrandecer nuestro pensamiento para englobar el desarrollo que está ocurriendo ante nuestros ojos. El desarrollo de una entidad biológica particular que nunca ha existido en la Tierra, el crecimiento, afuera y arriba de la biósfera, de una nueva capa planetaria, una envoltura compuesta de una sustancia pensante, a la cual por conveniencia y simetría, se le ha dado el nombre de Noosfera”. Pierre Teilhard de Chardin.

En un sentido general, una entidad o ente, es todo aquello cuya existencia es reconocida por medio de algún sistema ontológico, bajo parámetros establecidos que gobiernan la lógica y la semántica, entre otras disciplinas.

Por lo tanto, la existencia puede ser concreta, abstracta, particular o universal. Ello significa que las entidades no son sólo objetos o personas, sino asimismo contienen las propiedades, relaciones, eventos, números, conjuntos, proposiciones, posibilidades, creencias, pensamientos, etc., inherentes a sí mismas.

Según su sentido, la palabra proveniente del latín medieval entĭtas, significa entidad y es considerada como cualquier colectividad a la que se le puede atribuir la absoluta propiedad, de ser una sola unidad.

Para este caso, la existencia del ‘Ser’ es reconocida como tal, por tratarse de un sistema ontológico de esencia, una vez reconocida, ya sea por sus propiedades físicas concretas o por los atributos de pertinencia metafísica que siempre le acompañan. En consecuencia, refiere los aspectos emblemáticos de relación, vinculados con la participación, presencia, correspondencia y actividad mancomunada, los cuales se entrelazan para dar la razón de ser, propia de la entidad en cuestión frente al entorno universal.

La simbiosis de la entidad con el planeta, contempla en sí, la existencia de la noosfera o ‘mente de la Tierra’, que si bien considerada una de las más grandes utopías en la historia del racionamiento sobre el planeta Tierra, ello, por no disponer de pruebas concretas sobre la existencia de esta fuerza, en la actualidad es vista por algunos como ‘la rejilla cristalina’, pues son muchos los filósofos y maestros espirituales que plantean su existencia en el avance de la humanidad, todo hacia el reconocimiento de esta nueva etapa cósmica, que marca el proceso de evolución que se avecina.

Dentro de la inagotable lista de conceptos que explican la evolución del planeta Tierra, aparece la teoría de la Noosfera, palabra derivada del griego “nous” ‘inteligencia’, cuyo significado es: “Mente esférica” referida a la capa mental que rodea la inteligencia del planeta. Este término surgió del trabajo realizado en París a principios del siglo XX efectuado por el filósofo francés Jules Le Roi, complementado con el del paleontólogo Jesuita Pierre Teilhard de Chardin y el geoquímico ruso Vladimir Vernadsky.

Al estudiar el comportamiento global del planeta y la forma como éste cambia con el paso del tiempo, se vieron sus fases. La primera se conoce como Geosfera, asociada con la parte mineral y sustancial. En ella se agrupan la Atmósfera (el aire), la Hidrosfera (el agua) y la Litosfera (superficie de la tierra). El conjunto de estas partes permite el desarrollo de la Biosfera, lugar donde confluye la “materia viva” que agrupa todos los organismos vivos y las condiciones físico-químicas que permiten la evolución del Geo sistema.

Vladimir Vernadsky sostiene que cuando el cuerpo físico se ha desarrollado en un alto grado de sustentabilidad, posteriormente por derivación aparece la mente que controla dicha unidad de información, para así lograr utilizar la máxima capacidad propia de él. El geoquímico ruso, ve el surgimiento de la conciencia como algo implícito en el principio de la evolución.

Por su parte, Henri Bergson, filósofo francés ganador del premio Nobel de Literatura en 1972, plantea el concepto de evolución creativa, opuesto al dualismo de Descartes, pues concibe a la evolución, como una fuerza vital permanente que anima a la materia y conecta fundamentalmente al cuerpo con la mente.

Bergson indica que el papel esencial del universo es: “Ser una máquina creadora de dioses”. Esta sería una corriente universal que va más allá de la voluntad individual.

La clave para comprender la capa mental de la Tierra ‘Gaia’, es concebir la humanidad como un súper-organismo, que dispone de una fuerza creativa superior, incrustada en el meollo del proceso evolutivo.

El planeta es un tipo de inteligencia organizada. Es muy diferente a nosotros. Ha tenido unos 5 mil millones de años para crear una mente que se mueve lentamente y que está hecha de océanos, ríos, bosques y glaciares. Se está volviendo consciente de nosotros y nosotros extrañamente, nos estamos volviendo conscientes de ella. Son dos miembros, los más improbables de una relación que difícilmente puede ser imaginada: el simio tecnológico y el planeta de ensueño. Terence McKenna.




Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
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martes, 16 de septiembre de 2014

LA EXISTENCIA



“Si el espíritu es un atributo divino, una existencia conforme al espíritu, será verdaderamente divina. Aristóteles.

De acuerdo con evidencias científicas e históricas, el ciclo de evolución de desarrollo reciente de la raza humana tal como actualmente está reconocido en el planeta tierra, se remonta alrededor de catorce mil años.

Este es un lapso extremadamente corto, si se considera que la vida en el planeta ha existido durante cuatro mil quinientos millones de años (4.500.000.000), por tanto, el período de lA presencia del hombre, medida en función del tiempo relativo total, equivale a menos de un micro segundo de la duración total.

Entonces, resulta ridículo que el hombre se abrogue ser único en el universo, puesto que su presencia en el cosmos, no es más que una simple manifestación, de otra primitiva e insipiente forma de vida entre las tantas existentes. Luego de ese breve instante en el tiempo, los avances de la física moderna hacen prever que el hombre encontrará nuevas explicaciones a los misterios que hasta ahora han permanecido insondables, a la inquieta mente de la especie humana, en especial con respecto a los fenómenos naturales que rigen la existencia.

Sin embargo con la reciente llegada del hombre al conocimiento de ciertos conceptos vistos a la luz de la interpretación de la física cuántica, se han abierto una serie de posibles respuestas que trastocan algunas creencias ancestralmente arraigadas en la cultura universal y cuyo análisis permitirá la revisión y aclaración con una mayor certidumbre de muchos de los conceptos que hasta ahora han sido considerados como ya demostrados o que por diferentes razones han sido asumidos como verdaderos.

El término cuántico, proviene de quantum, considerada la unidad más pequeña que constituye la luz. Experimentos avanzados que estudian la física de las partículas elementales, han demostrado que, en el nivel más minúsculo de la materia, todo es energía. Así, la materia es luz pura radiante y condensada.

En el mundo cuántico surgen procesos de creación y destrucción, demostración científica de que energía y materia no son más que dos polos de la misma esencia, de una única sustancia universal en vibración continua que forma al  hombre y la sustancia universal. Es decir, las moléculas que componen cualquier clase de materia, están en constante vibración. Los cuerpos crean entonces, bandas de energía electromagnética con una determinada amplitud de onda que les permite al mismo tiempo, emitir y absorber información. Así el observador está en continua comunicación con la matriz cuántica universal de carácter holográfico.

La física cuántica surgió durante la primera mitad del siglo XX, como respuesta a ciertos interrogantes derivados de la interrelación resultante del estudio de las partículas y la química, fenómenos que no han podido ser claramente resueltos por medio de la física clásica determinista, sino que son dependientes de funciones probabilísticas. Se trata del estudio del comportamiento de las partículas atómicas y subatómicas elementales que se presentan como diminutas unidades de ondas, fenómenos con los que los metafísicos pretenden explicar impulsos considerados no físicos que crean movimientos en el mundo físico e influyen en la conformación esencial de la materia.

Esta ciencia también se conoce como mecánica ondulatoria, rama de la física que estudia el comportamiento de la materia, en especial cuando las dimensiones de ésta son tan diminutas que no permiten llegar a conocer con exactitud la posición de una partícula o la energía que porta, o mucho menos, conocer simultáneamente su posición y velocidad, éste último fenómeno ampliamente conocido como el “Principio de incertidumbre” desarrollado por Heisenberg.

Como se indicó, un quantum se refiere a la parte que conforma la partícula energética de la unidad básica que algunos definen como: ‘la cantidad discreta mínima de radiación electromagnética’, algo asumido como no sólido o discontinuo, allí donde no hay diferencias fundamentales entre partículas y ondas. Esto significa conformar el ámbito donde las partículas pueden comportarse como ondas y viceversa.

Esta somera explicación conduce a que la realidad reconocida se produce en brevísimos eventos individuales que dan lugar a una serie de acontecimientos particulares, los cuales tienen lugar dentro de una muy reducida distancia tiempo-espacio entre ellos. Algo así como la proyección de una película que pasa con miles y miles de cuadros por segundo.

Complementariamente, algunos científicos consideran que si un fenómeno es observado a pequeña escala, al transpolarlo, es posible aplicar el mismo mecanismo para acercarse a explicar los eventos a gran escala, en este caso relacionados con el comportamiento estructural del conjunto que forman las fuerzas reconocidas como primordiales en la naturaleza.

Desde la antigüedad son ellas reconocidas como: la materia, la energía, el espacio y el tiempo, en todas sus formas y en sus muy variadas y diversas combinaciones posibles.

“El que no sabe lo que busca, nunca comprenderá lo que encuentra Lewis Carrol.


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lunes, 8 de septiembre de 2014

LA AXIOLOGÍA (III)

“Los oídos no sirven de nada a un cerebro sordo”.
Proverbio árabe.

Aparece entonces el tema del subjetivismo axiológico, apoyado en la existencia de una gran diversidad de creencias y gustos, que definen los valores.

Sin embargo, ante la inmensa pluralidad de propuestas, tal vez lo más sencillo sería escoger el relativismo como solución, en este caso, argumentado que el valor no es absoluto, sino relativo y que lo valioso depende de la impresión que origine en el observador, del momento histórico correspondiente y de su utilidad manifiesta.

Empero, habría tantos valores y sistemas de valores, como sujetos haya, pues su estructura estaría basada en el interés, la emotividad o el deseo que producen en cada uno, independiente del consenso de aplicación general.

Esta posición resulta muy peligrosa, pues en el fondo implica un: ‘todo vale’, que elimina la obligatoriedad universal y por ende, puede llegar a afectar la convivencia.
En contraposición, la escuela neokantiana, postula el valor como una simple idea, argumentando que las ideas son la potencia impulsora la conducta humana por encima de los intereses o del propio agrado, asegurando que los valores existen en sí y de por sí, y que por ser entidades absolutas e independientes, no necesitan ser, ni relacionarse con las cosas.

Por otra parte, el objetivismo axiológico se basa en la realidad de los valores con dos marcadas tendencias: la primera que afirma que los valores son objetos ideales de perfección más allá de la experiencia, captados mediante intuiciones emocionales, especiales e independientes e inmutables, donde el conocimiento de ellos es relativo; aunque los valores en sí mismos son absolutos. La segunda propone los valores como algo objetivo, no obstante, consistentes en términos de cualidades irreales residentes en las cosas.

Max Scheler, consideraba que los valores no eran propiedades sino objetos en sí, aunque diferenciados tanto de los objetos reales, como de los ideales.  En su obra: "Lenguaje, verdad y lógica", igual manifiesta que los juicios de valor están fuera de toda cuestión, en virtud de que no cumplen con el principio de verificación empírica.

Ahora, según los fenomenólogos, los valores son cualidades absolutas, sui generis, ideales, o cualidades irreales independientes de las cosas o de las estimaciones, así no se confunden con el sujeto valorante, ni con las cualidades físicas de los objetos. Ellos están divorciados del mundo real, aun cuando tienen objetividad y consistencia propias.

La persona, no crea los valores, simplemente los encuentra, convirtiéndolos en bienes propios. Ella, hace de mediadora entre el mundo del Ser y el mundo del valor, así, funde los reinos del ser y del deber en una realidad. Entonces, el concepto del valor como realidad, sostiene que ellos residen y se identifican con el ser y están encarnados en lo presente.

Finalmente, la tendencia del realismo del valor, dice que los valores son propios, porque no precisan de ninguna referencia distinta y que ellos son per se, como son las personas.  Sostiene que son simbólicos, por ejemplo: las ideas, la religión, el derecho, el arte, la  historia, la sociedad, la salud y la propiedad, no tienen valor propio, pues se fundamentan exclusivamente en el valor asignado por el hombre. Mientras los valores extrínsecos, sólo son medios para alcanzar un fin, el cual siempre será medido por los valores propios.

“La filosofía, son preguntas que tal vez nunca serán contestadas. La religión, son respuestas tal vez nunca serán cuestionadas”. Anónimo.

Por su parte, el objetivismo axiológico sostiene que los valores son universales e inmutables pues no cambian con el tiempo, ni de una sociedad a otra; son un reino independiente de los bienes que encarnan, los cuales, son los que tienen una relación peculiar con las cosas reales y valiosas, ya que dependen del valor que encarnen.

En resumen, entre las propuestas tomadas de sus diferentes intérpretes, la naturaleza del valor tiene diferentes posturas, para el idealismo puede ser objetivo, ya que considera que el valor existe independiente de la posición del observador o, subjetivo pues considera que el valor es creado en la conciencia del individuo.

Para el materialismo la naturaleza del valor está en la capacidad que tiene el ser humano de valorar el mundo objetivamente, es decir, valorarlo tal como es, buscando no alterar, ni deformar esta visión. De esta forma y hasta tanto se dilucide el asunto, aparentemente la naturaleza del valor parece ser objetiva, más en todo caso, su interpretación desde el hálito de la conciencia, siempre será subjetiva.

Como conclusión puede decirse que la filosofía y sus ciencias derivadas han jugado un papel muy importante dentro del desarrollo del pensamiento, ya que la tecnología, los avances médico-científicos, y la psicología positiva que hoy en día se manejan, son el vivo reflejo del desarrollo y la aplicación práctica del conocimiento de las personas, que desde hace siglos se dedicaron a buscar un porqué, a plantear hipótesis y con el tiempo, las ideas aparentemente más acertadas, se han convertido y consolidado, en las teorías con la más amplia aceptación.

La psicología positiva, corresponde a la rama que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano.  El objeto de éste interés, es aportar nuevos conocimientos acerca de la psique humana no sólo para ayudar a resolver los problemas de salud mental que adolecen a los individuos, sino también para alcanzar mejor calidad de vida y bienestar, todo ello, sin apartarse de la más rigurosa metodología científica, propia de toda ciencia de la salud.

Ella estudia las fortalezas y virtudes humanas dedicando su mejor esfuerzo a revisar los aspectos negativos y patológicos del ser humano (ansiedad, estrés, depresión, etc.) sin dejar de lado, el estudio de aspectos más positivos vinculados con la axiología, como por ejemplo pueden ser: la creatividad, la inteligencia emocional, el humor, la sabiduría, la felicidad, la resiliencia, etc.

Este tipo desenfoque es denominado también por algunos autores, como ‘salugénico’. Se pueden encontrar antecedentes del desarrollo de estos temas, en filósofos como Aristóteles, quien dedicó parte de sus escritos a la Eudaimonía (término griego habitualmente traducido como felicidad) así como también, en sicólogos como Abraham Maslow o Carl Rogers, pertenecientes a la corriente llamada: ‘psicología humanista’.

Dentro de este sinnúmero de aportes y en el fondo del pensamiento de sus protagonistas, se entraña un factor común, el uso del raciocinio o discernimiento, como la función más preponderante y simbólica de la inteligencia, es decir, el observador debe disponer de la capacidad del cerebro para analizar, razonar y obtener respuestas ante aspectos que aún se desconocen, o para clarificar y desarrollar aquellos ya conocidos.

A pesar de que todavía hay gente actuando como si ellos aún viviesen en la Edad Media, es en especial que durante los últimos veinticinco años, las actividades de inspiración humana se han realizado con una velocidad y con un éxito sin precedentes. Como resultado, el observador se encuentra en medio del mayor cambio de conciencia que haya tenido lugar, en un proceso para intentar comprender lo que se logrará con la implantación de un moderno Renacimiento Axiológico, que puede estar más allá de cualquier antiguo sueño salvaje.

Todos los aportes al respecto son invaluables, mucho más, por proceder de grandes intelectuales, cuyas contribuciones sirven hoy, como el gran marco que sustenta, el pensamiento global de la humanidad.

“Nada que se consiga sin esfuerzo, pena o sin trabajo, resulta verdaderamente valioso”.


Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

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Autor: Daniel García Vanegas.

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