martes, 7 de junio de 2016

LO NUMÉRICO (1)


LO NUMÉRICO

“El cuerpo, es un órgano del alma; el alma, un órgano del espíritu superior; y el espíritu superior, es un órgano de la Divinidad”. Anónimo.

PRINCIPALES DISTINCIONES:

El estudio de los números abraza una serie de adaptaciones múltiples dentro del pensamiento, en donde se distinguen preferentemente dos aspectos básicos:

El cuantitativo, que obedece a la ciencia común de las matemáticas, a sus diversas disciplinas afines y a las innumerables aplicaciones científicas relacionadas con las cifras, y,
El cualitativo, que corresponde a la observación de la composición y comportamientos de la metafísica de los elementos analógicos espirituales de los números.

LAS CIFRAS:Se sabe que cada número es un Ser real, revestido de manera material por "la cifra", que lo revela, lo refleja y lo inunda. A esta última, se debe prestar una deliberada atención por un instante para su mejor comprensión.

 Acá no se trata de hacer ningún tipo de erudición, pues sobre el tema hay tratados de tratados y mucho más. Corresponde ahora sólo hacer un somero acercamiento a la historia de las cifras, y en especial, a ciertas indicaciones que pretenden dar al observador, unas leves nociones documentales que pueden resultar de utilidad como acercamiento al tema de fondo en cuestión.

Es a través del extracto enciclopédico, como se informa al observador sobre éste evento.

Los números árabes son hoy, la manera técnica más aceptada de mostrar los diez caracteres familiares a todos: 1, 2, 3, 4, 5. 6, 7, 8, 9, 0, y se los opone a los demás signos numerales usados en cualquier tiempo, aún mucho antes de los romanos.

La semiótica de las cifras tal como ella es, ha sido adoptada hoy prácticamente por todos los pueblos civilizados, y obedece a la manera como la evolución ha sido adoptada, en especial en Europa, donde resultó fijada con mayor énfasis de uniformidad, a partir de los efectos producidos a partir de la invención de la imprenta.

En antiguos manuscritos occidentales antes de la edad media, se ofrecen según los tiempos y los países del caso, numerosas variedades de tantas representaciones de cifras, que aún hoy, no han sido plenamente determinadas, ni clasificadas con la debida suficiencia, ni lo serán, mientras subsistan rastros de tan numerosas formas secundarias de escritura.

Bien es cierto que se ignora la época precisa cuando las cifras se introdujeron en Occidente, aun cuando aparecen ciertos manuscritos antiguos, donde se muestran claros rastros de su testimonio, aun cuando los más relevantes, no van más atrás del siglo XI.

En todo caso, la forma más arcaica es conocida bajo el término de los ‘Ápices de Boecio’, puesto que sus rasgos se encuentran utilizados en la geometría atribuida a este autor.

Según se relata por parte de sus sucesores que citan al mencionado filósofo y matemático romano Boecio, las nueve cifras significativas, serían una invención pitagórica, vinculada al dios Apolo Abaeus.

También se ignora cuáles son en realidad los orígenes del Ábaco de la edad media, esencialmente diferente a los ábacos de la antigüedad, y del cual no se encuentra históricamente, nada análogo o algún indicio que resulte esclarecedor.

Eruditos consideran que el sistema de la posición de la numeración escrita, fue introducido en Occidente sólo a consecuencia de la traducción al latín, muy probablemente por Adelard de Bath hacia el año 1120, del tratado de cálculo de Mahommed ben Mouça-Al-Khârismi, cuyo sonoro nombre Algorisimus: conduce a algoritmo, término que pasó a formar parte del conjunto de los nuevos procedimientos de cálculo, que fueron rescatados o revelados en su debido momento.

De todas maneras, la invención de las nueve primeras cifras siendo relevante, es científicamente un hecho secundario con respecto a la inclusión del cero. Entonces, si bien la aplicación de este último símbolo a la numeración parece debida a la cultura Hindú, no hay que olvidar que desde el comienzo del siglo II a.C., ya hay claras trazas de su adopción dentro de la numeración sexagesimal utilizada para obtener la división del círculo.

Sin embargo, es solamente durante el siglo XII, que el cero fue realmente conocido en Europa bajo el nombre de l’Cyfre’ o cifra, cuya transcripción literal procede de su nombre en árabe, que significa ‘vacío’. Es triste ver como esta palabra fue luego extendida abusivamente a otros signos numerales, mientras el verdadero papel del cero, todavía no parece ser del todo conocido.

Según un escolio del monje Neophytos, cada cifra debe ser indicada en la parte superior, por un número de pequeños círculos, similar al número del exponente de la potencia de 10 que le multiplica. Este sistema efectivamente se encuentra empleado en escritos de ciertos autores elementales árabes, probablemente para facilitar la enseñanza, y hasta se llegó a creer por mucho tiempo que en su grafía, había un modo especial de numeración, para lo cual, servían las demás cifras.

En este punto se deben añadir dos observaciones indispensables. En primer lugar, la filiación de las diversas variedades de cifras puede a menudo ser enmascarada por anomalías poco explicables; lo más seguro no obstante, es que cada pueblo modificó las suyas, acercándolas a las formas de los caracteres comunes de su propia caligrafía.

Este hecho resulta muy visible en las representaciones árabes de oriente o común entre griegos bizantinos, y por tanto, las representaciones de los ápices de Boecio, ciertamente sufrieron influencias de éste género. Los Griegos de Hypsiclès, emplearon este mismo tipo de signos en los manuscritos, para reemplazar las órdenes faltantes.

Por otra parte, la división sexagesimal se remonta a Babilonia y aunque en los monumentos muy antiguos hallados de la Mesa de Senkerch no hay ningún rastro de la aparición del cero como tal, parece muy difícil que lo hubieran podido pasar por alto, sin tener en cuenta siempre su presencia.

En resumen, las cifras tal como se estilan hoy, no son las cifras hindúes, ni siquiera los números árabes originales; sus formas son derivadas ciertos prototipos, pero ¿Por cuál mecanismo se fueron modificados?, bueno, aparentemente fue por la fuerza de la evolución étnica y la costumbre, esto como resultado de la única explicación posible, de lo que la ha ocurrido a la evolución de su representación gráfica.

Las cifras que se escriben están compuestas por algoritmos arábigos (1, 2, 3, 4, etc.) ello con el fin de distinguirlos por ejemplo, de los llamados algoritmos romanos (I; II; III; IV; etc.). Si bien los árabes popularizaron esta representación algorítmica, sin duda su origen se remonta a los fenicios o más allá, quienes sin duda los usaban para contar y anotar los registros propios de su contabilidad comercial.

Hoy es reconocido que la lógica que acompañaba este tipo de representación original, obedece al número de ángulos presentes en la cifra, la que da la forma y el valor inicial a cada número.


Nótese como el cero no tiene ángulos.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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