martes, 14 de junio de 2016

LO NUMÉRICO (2)


LA METAFÍSICA NUMÉRICA


“Las matemáticas son una gimnasia del espíritu y una preparación para la filosofía”. Isócrates.

Para el correspondiente acápite cualitativo, puede decirse que los números son seres vivos que pertenecen al plano abstracto, presentes bajo la forma ‘idea-fuerza’, mientras las cifras, sólo son la representación de algunas de sus tantas apariencias posibles, lo que para algunos se identifica con sus vestiduras o ropajes, pues en éste ámbito, la cifra como tal, no tiene importancia y lo único que el observador debe considerar en realidad, es la dirección que toma la progresión en cuestión.

Lo cualitativo no obedece a una tendencia reciente, Pitágoras de Samos (582-497 a.C.) filósofo y matemático griego, ayudó a la comprensión de la ciencia de los números, disertando con luces asombrosas, sobre ciertos aspectos propios de la naturaleza en sí, exploró sobre las costumbres de los hombres y hasta tocó aspectos de las fuerzas sobrenaturales.

Resaltó que los números pares son los números de la justicia, resultado de la división igual de sus partes hasta llegar a la unidad. Y que en el concepto de la igualdad, se encuentra la razón y por tanto, ella es el complemento de toda justicia.

En el sistema decimal, mostró la década como el límite y suma de todos los números primarios. Indicó que los números superiores a diez, eran sólo un ensayo de los diez primeros, y por ello, atribuyó una inmensa dignidad a la decena. Dijo que los números impares eran análogos a las formas de las cosas naturales y los números pares lo eran a la materia, de donde concluyó que los números pares, conducían hacia la inteligencia de las sustancias sensibles, mientras los impares, guiaban hacia la inteligencia de las cosas espirituales.

En la tradición filosófica de las escuelas humanas, los números representan una energía muy grande, resulta entonces necesario mostrar la digna verdad de las ciencias humanas, así como el significado místico y el sentido augusto de los números que se encuentran eminentemente allí, por lo que fácilmente se develan sin misterios.

La numerología abarca una amplia multiplicidad de elementos, sea la sucesión de los tiempos, el movimiento de los astros, la rotación de los cielos. Es la disposición que toda cosa tiene, como principio necesario del concatenamiento universal.

Los números encierran dentro de su naturaleza las virtudes más extensas y más sublimes. Así, para el filósofo que intenta considerar cuán grandes y numerosas son las maravillas escondidas en las cosas naturales, su presencia es innegable, a pesar de la tendencia que producen los efectos sensibles que fuerzan al observador a suponer, antes que a ver.

No es para nada sorprendente que las fuerzas atadas a los números, sean más admirables y eficaces que las cifras formales, ya que por ser perfectas e idénticas a las cosas celestes, aún las mezcladas con distintas sustancias, impregnan de carácter, de tamaño, de sencillez de movimiento y de forma, todas las ideas divinas originales de las que dependen todas las fuerzas efectivas que poseen las cosas en sí mismas.

Todo lo que existe, todo lo que es hecho, subsiste según ciertos números, pero sin duda es del Uno, de donde toman su fuerza.

El tiempo, tiene como base la esencia del número, así es que el movimiento de cualquier acción y de todas las cosas que estén sometidas a cambio de lugar, responde a la ineludible sucesión de los instantes. La armonía de los instrumentos y de las voces, se ve completada por aquellas relaciones numéricas, que miden sus proporciones y su fuerza.

Por tanto, las proporciones que nacen de la comparación de los números, se traducen en ligas y en puntos que dan caracteres y figuras. Por fin, todas las formas que existen en el mundo natural o sobrenatural, están sujetas a las implacables leyes de los números.

Pitágoras que meditaba sobre estas cosas, dijo que todo subsistía por el número, ya que éste, determina las virtudes limpias y simples de los diferentes seres.

Proclus de Constantinopla (412-485 d.C.), afirma que el número existe en su totalidad, diferente sin embargo, en la voz, en la proporción sensible, en el corazón y en la razón, y luego por supuesto, en las cosas divinas.

Themistius, Boecio y Averroes de Babilonia, adoptan el sentimiento de Platón, elevan muy por lo alto a los números, persuadidos todos ellos que resulta imposible abordar las cuestiones filosóficas, sin disponer de su socorro.

Proponen que si bien el verdadero del número racional y formal no es una propiedad del número material, sensible y vocal que está sujeto al cálculo vulgar privado, todo el espectro del significado que el observador ve en la metafísica, no tiene ningún valor espiritual al ser visto desde los aspectos percibidos por los ojos académicos.

Es del informe espiritual y de aquellas cantidades que se llaman números naturales, formales o racionales, de donde emanan los grandes misterios, pues tanto en las cosas naturales, como en las cosas divinas y celestes, es el número el que abre la vía al conocimiento de todo lo que puede ser conocido, ser examinado y ser comprendido. Por cuenta de él, se llega de manera muy próxima a detentar la profecía natural y se acerca a sus previsiones asombrosas.

Los órganos más ilustres de la filosofía se ponen de acuerdo para establecer qué hay en los números. Se trata de una virtud escondida, cuya eficacia es absolutamente admirable en la producción de las ideas.

Los pitagóricos pronosticaron muchas cosas por los nombres de los números y en ello no había grandes misterios. Afirman que hay que saber ante todo que los números simples indican las cosas divinas, las decenas las cosas celestes, las centenas las cosas terrestres y los millares las cosas del tiempo por venir.

Lo antedicho distintamente, muestra la importancia concedida a los números por la Cábala, cuyo contenido se reencuentra en las citas de muchos autores que resaltan la tradición occidental, tal como se verá más adelante.

Para la metafísica numérica, todos los números emanan del número Uno, considerado la fuente de la luz espiritual, de modo que cuanto más se aleje el número de la fuente, más materializado está o viceversa.
Así, los Diez primeros números pertenecen al dominio del Espíritu, pues ellos son los más cercanos a la fuente y por tanto, están menos materializados.

Bien, los números impares son asociados con lo activo y masculino son: 1, 3, 5, 7, 9, mientras los pares 2, 4, 6, 8, 10, refieren lo pasivo y femenino, esto, dentro de la serie de los diez primeros.

Las representaciones de la vida de los números, está dada por las relaciones entre ellos y por las reacciones recíprocas que se manifiestan por medio de los cálculos.

A su vez, el cálculo teosófico comprende dos operaciones principales:

La descendiente del Espíritu hacia la materia, que comprende operaciones como: la adición o bajada lenta, la multiplicación o la bajada rápida, el cuadrado del número o bajada al plano astral, el cubo del número o bajada al plano material.

La ascendente al espíritu o vuelta a montar desde la materia hacia el espíritu, que comprende como operaciones relacionadas: la sustracción o el ascenso lento y progresivo, del que están la progresión ascendente: 9-8-7-6-5-4-3-2-1, como primera aplicación. Nueve menos uno igual ocho, ocho menos uno iguala el siete, etc..., o nueve menos 8 igual uno, ocho menos siete igual uno y así sucesivamente.

Por su parte, la división es el ascenso rápido por eliminación de los números inútiles. La extracción de la raíz cuadrada, es el ascenso directo del Astral en un plano superior y la extracción de la raíz cúbica, es el ascenso rápido desde el plano material, hasta un plano superior. Las dos últimas extracciones, son mecanismos de división aceleradas.

Los números están más cargados de fuerza luminosa, si son más próximos a la unidad; o en su defecto, poseen menos luz si son más lejanos de la unidad.

“Tanto más grande es un número como valor efectivo, es más pequeño como valor cifrado; el número uno, es el más poderoso de todos”.
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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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