martes, 12 de abril de 2016

LA ASTROLOGÍA (15)


ASTROLOGÍA (15)

“La palabra horóscopo proviene del griego oros: horizonte y skopeo: examinar, lo que significa literalmente ‘examinar el horizonte’. Éste término se asocia con la observación de los astros en un momento dado, junto con la valoración de su posible influencia energética sobre un objeto, sujeto, proceso o situación en particular”. Arístides Molina.

En términos generales se percibe el paso del tiempo como si fuera un objeto que inexorablemente se mueve en línea recta hacia un futuro incierto, pues el pasado aparece inamovible y su sombra parece que determinara las posibilidades del hoy.

En su transcurrir se suma un día tras otro y erróneamente se miden los meses y el año con una regla bastante arbitraria, costumbre proveniente de una serie de remiendos que como una colcha de retazos, se aplicó en los calendarios asumidos por la civilización a cargo del poder, de modo que se implantaron meses de 28, 29, 30 o 31 días, los que arbitrariamente se combinan para medir el tiempo que rige la mente colectiva y que de alguna manera son los que maneja la sociedad moderna.

La falta de orden, armonía, regularidad y propósito, son plasmados en la forma en que se mide el tiempo, cuyo modelo impacta directamente el modo de pensar, sentir y actuar del género humano.

Al igual se marca lo que tienen en común los diferentes horóscopos, sean de origen celta, chino, maya, occidental, védico u otros, en lo referente a su relación con los astros en el curso del tiempo, pues su andar corresponde a una dinámica que permite medir la alternancia de los eventos en el tiempo.

Los horóscopos en general están directamente asociados con el uso de los calendarios y con la observación de los ciclos naturales que son verificables.

Como se ha visto, el horóscopo chino se basa en un calendario lunar asociado con la actividad agrícola, predominante en esa región y se rige por doce constelaciones asociadas con animales totémicos, los que dan el nombre a los años y así definen los signos respectivos.

Asimismo utiliza los troncos celestes, que se corresponden con los cinco elementos comúnmente por ellos aceptados, complementados con sus aspectos Yin y Yang como integrantes energéticos del año en cuestión. De esta forma por ejemplo, el año 2016 recibe el nombre del caballo.

El horóscopo occidental, por su parte se basa igualmente en los astros, pero pone especial énfasis en la energía estacional. A partir de la edad media se conecta con el calendario gregoriano, más alinea su inicio con el equinoccio de primavera en el hemisferio norte, el cual corresponde a cero grados en el inicio del signo de Aries. Empero ocurre en éste caso que las constelaciones en el cielo ya no coinciden con el signo zodiacal, sin embargo, la energía estacional asociada al signo, aparentemente si aporta claridad para entrar a definir un perfil astrológico específico.

El horóscopo védico por su parte, se calcula con base en las constelaciones tal como se aprecian en el cielo, sistema conocido como sideral. Si bien utiliza los mismos nombres de los signos que la tradición occidental, en su caso toma muy en cuenta la energía proveniente de otras constelaciones menores a la hora de interpretar los efectos de su carta.

En todo caso, sería muy pobre hablar de astrología sin pisar los terrenos propios de las culturas americanas, que al igual que otros estudios al respecto, se basa tanto en la posición de los astros, como en el paso del tiempo sobre los calendarios.

La astronomía maya conforma una amplia tradición entre los pueblos mesoamericanos, pues la observación de las estrellas fue crucial para el desarrollo de la vida material y espiritual, producto de las observaciones atentamente derivadas y aunque tienen ciertas características en común, hacen único el representativo uso dado al calendario de ‘Cuenta Larga’, cuyas estimaciones alargan su influjo hasta la actualidad.[1]

Los mayas lograron entender el paso del tiempo, tal vez como ninguna otra civilización humana lo hizo. Si bien mucho de su sabiduría y de sus secretos parecían sepultados en el tiempo, pues la historia cuenta la depredación que por la fuerza trajeron consigo los mal llamados ‘conquistadores’, recientemente se ha logrado tener una mejor idea de su estructura funcional.

Efectuaron cálculos precisos, de los periodos sinódicos cumplidos por Mercurio, Venus, Marte Júpiter y Saturno. Calcularon con exactitud, los ciclos de la Luna y el Sol, junto el movimiento aparente de ciertas estrellas como las Pléyades, a las que llamaban Tzab-ek o estrella cascabel, la cual marcaba los inicios de sus festividades rituales.

Concebían el cosmos como un espacio dividido en tres niveles, cada uno con cuatro esquinas en su estructura. En la parte superior se ubicaba el cielo, con la asistencia de los Bacabes, donde los fenómenos astronómicos más importantes tenían lugar, especialmente el paso del sol durante el día.

En el intermedio está del mundo de las personas con todos los aspectos de la vida diaria; En éste sentido, la tierra fue concebida como una gran área cuadrada cuyas esquinas estaban orientadas hacia los puntos cardinales, donde estaban los pauahtunes.

La parte baja o inframundo se encuentra bajo el nivel del agua, ocupada por Xibalbá. En éste lugar sombrío, tal como lo replica la cultura egipcia, el sol cada día tiene una implacable lucha después de su paso por el cielo.

El conocimiento astronómico, lo manejaba la clase sacerdotal, más eran respetados al punto que sus seguidores llevaban la vida siguiendo sus predicciones. Ese conocimiento perduró en secreto después de la conquista, pues se siguieron practicando rituales cotidianos, muchos de los cuales hoy están todavía en vigor.

Los sacerdotes conocían los movimientos de los cuerpos celestes y eran capaces de predecir los eclipses o el curso del planeta Venus visto desde la Tierra. Esto les da un poder especial sobre las personas que se sienten estrechamente vinculadas con la representación de esta deidad. [2]

De los códices mayas, el más famoso es el de Dresden por ser esencialmente un tratado sobre astronomía. Los mayas son entonces reconocidos por cuenta de sus escritos, su arquitectura, un arte lleno de simbolismo y de ideas fantásticas sobre el pasado, presente y futuro de la sociedad y por sus avanzados cálculos matemáticos.

Para ellos el pasado y el futuro son las dos direcciones del tiempo lineal que predominan, vistas desde ese casi imperceptible momento clave que es el ‘ahora’. Una observación detenida del pasado y el futuro, permite notar que esos conceptos sólo están sembrados en algún lugar de la mente del observador.

La no descabellada propuesta de rescatar la sabiduría maya con relación a la medida del tiempo, consiste en asumir una visión clara, ordenada y significativa del mismo que sea sincronizada tanto con los ciclos estacionales naturales, como con los permanentes movimientos de los astros.

Vale resaltar que en el caso de los mayas, el estudio del tiempo alcanzó niveles muy superiores a la mayoría de las demás culturas. De por sí, los mayas utilizaban varios calendarios que, conjuntamente, permitían lograr una gran precisión en la predicción de los eventos astronómicos. En el eje central de estos calendarios se ubica el tzolkin, mejor conocido como la ‘cuenta sagrada de los mayas’ que sirve de base de la denominada’ cuenta larga’.

La Cuenta Larga es un sistema de cómputo de tiempo propio del calendario maya que tiene sólidas bases históricas, astronómicas, cosmológicas, mitológicas y astrológicas. En éste sistema, el comienzo de la actualidad inicia el 13 de agosto de 3114 a.C., posiblemente conectado con el nacimiento mitológico de Venus.

Entonces, algunas versiones sostienen que el final de la época cierra el 21 diciembre de 2012, día del solsticio de invierno en el hemisferio norte. Otros autores como el epigrafista Erick Velázquez, han señalado que ésta determinación es relativa, pues en algunos grupos mayas como en Palenque, se han encontrado inscripciones que mencionan otras fechas. De todas maneras un dato curioso, para ellos un Baktun es un período que dura 144.000 días.

El sistema como los mayas miden el tiempo, funciona de manera probada a través de sus calendarios. Utilizan simultáneamente varios calendarios que se sincronizan con los diferentes ciclos cósmicos.

Luego, los combinan para buscar comprender e interpretar la energía correspondiente a cada momento subsecuente del tiempo. De este modo pudieron predecir fenómenos con siglos de anticipación y comprender los ciclos propios del planeta sobre tres grandes particiones o medidas temporales:

Ø  Tzolkin: Es el denominado calendario perpetuo que marca un ciclo de 260 días o kines de energías diferentes, que se repite continuamente. Aparece como resultado de la combinación las energías galácticas. Tiene forma de matriz, se compone de trece energías galácticas llamadas tonos y de veinte energías solares llamadas sellos donde: 20 x 13 = 260. La combinación de tonos galácticos y sellos solares constituyen las 260 posibilidades indicadas. Según los mayas, los Tzolkin se suceden continuamente desde siempre y para siempre. Se convierte en uno de los calendarios más enigmáticos en cuanto su origen, algunos postulan que se basa en una aproximación a la gestación humana, mientras otros autores lo relacionan con ciclos de astros visibles desde la tierra.[3]

Ø  Haab: Éste calendario sincroniza la duración del año solar de 365 días. Su estructura consta de diez y ocho Uinales de veinte días cada uno y un Uayeb de cinco días. Se trata de un calendario dedicado a seguir básicamente los ciclos agrícolas y sirve para honrar diferentes rituales sagrados. En su trasfondo recuerda el calendario chino que de igual modo, maneja ciclos de veinte días.

Ø  Trece Lunas: Éste modelo de calendario igual tiene la duración del año solar de 365 días y sincroniza el día de su inicio, con la ascensión de Sirio junto al Sol. Su estructura consta de trece ciclos lunares de veintiocho días cada uno, más un día ‘Fuera del Tiempo’. De igual manera se sincroniza con el ciclo lunar seguido por varias culturas. Este último constituye el calendario civil que facilita la percepción espiral del tiempo.

Son entonces los calendarios Tzolkin y Trece Lunas, los principales sistemas de medición del tiempo que han sido revisados y corregidos en función de las profecías mayas y otras predicciones.

Dichos ciclos se superponen entre sí, confiriéndole a cada día o kin, un significado múltiple, por medio del cual se informa acerca de las cualidades de la energía aplicable a esa inequívoca variable llamada tiempo. Esto en realidad convierte cada día en una fuente de información, traducida en un tiempo que puede ser y vivido de manera consciente y con pleno disfrute.

Es José Arguelles (1939-2011), descendiente de los mayas, quien promovió el uso del Calendario ‘Trece Lunas’ inspirado en el funcionamiento de dicho calendario que por cuenta de su origen selénico rima con otros tantos calendarios antiguos. Su función principal es representar en una perspectiva ordenada el tiempo, todo en armonía con los ciclos estacionales naturales.

El calendario de Trece Lunas en conjunción con el Tzolkin, armoniza con ambos ciclos, tanto el lunar como el solar, pues trece lapsos lunares cada uno de 28 días dan 364 días más un día verde o de tránsito.

Como se indicó, Arguelles sigue otros referentes estacionarios al recomendar el Tzolkin para sincronizar el inicio del año. Asume el momento del equinoccio, esto es el día 26 de julio, fecha cuando el Sol y Sirius simultáneamente ascienden en el panorama del cielo.

Para los aztecas, cada día contiene una información energética diferente, no se trata sólo sumar o contar el tiempo sin darle sentido. Sostienen que al hallar propósito del Ser en el tiempo mismo, la ansiedad por lo desconocido disminuye, la mente se aquieta y el observador empieza a percibir la sincronicidad que existe en toda la creación. Éste calendario entonces ofrece una oportunidad única para integrar la mente y el cuerpo, pues aseveran que el tiempo es algo así como ‘la atmósfera de la mente’.

El calendario de Trece Lunas abre las puertas de la mente para acercarse a una comprensión mayor del individuo en sí y lo que lo rodea, facilitando la evolución humana hacia una consciencia de paz natural.

El tiempo es la atmósfera de la mente”. José Arguelles.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

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Autor: Daniel García Vanegas

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Namasté…




[1] Pohl, M., et al., (2002) Olmec Origins of Mesoamerican Writing, Science.
[2] Galindo Trejo, Jesús (1994) Arqueo-astronomía en la América Antigua. Conacyt – Sirius.
[3] León-Portilla, Miguel (1990) Tiempo y realidad en el pensamiento maya. Universidad de Oklahoma.

martes, 5 de abril de 2016

LA ASTROLOGÍA (14)


LA ASTROLOGÍA (14) 

“Después de todo, mañana es un nuevo día”. (“Lo que el viento se llevó” de Margaret Mitchell).


Otras culturas como la china, con tradición astrológica alrededor de 5000 años, otorgan asimismo una importancia especial a la interpretación de cada región del cielo, aunque bien definen un zodiaco circular sexagenario diferente al occidental, dando mayor importancia al año de nacimiento, en lugar de partir de una contabilización zodiacal de tipo mensual rotativa. La astrología china fue elaborada primordialmente durante la dinastía Zhou (1046-256 a.C.).

Como indicado, en China se desarrolló de manera independiente, una astrología, si bien similar en algunas cosas a la occidental, resulta distinta en tantas otras. Así por ejemplo, el Taoísmo da una importancia preponderante al año de nacimiento, asignando de ésta forma en el horóscopo Chino una serie de características definidas, dando un signo regente para cada año.

HORÓSCOPO CHINO



Sobre su origen, de manera anecdótica cuenta la tradición que antes de morir, Buda el avatar por excelencia denominado “el despierto o iluminado”, hizo un llamado a todos los animales de la tierra, para contarles cuál era su última voluntad. Para su sorpresa, sólo doce animales acudieron a la cita. La rata fue la primera en llegar, luego llegaron: buey, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo.

Como recompensa por la devoción que le brindaron, Buda les asignó un lugar en los doce signos del zodíaco chino y dijo: cada animal regiría por un año, de forma tal que su influjo, afectaría a la personalidad y el carácter de aquellos que nacieran bajo su espectro.

Sin embargo, tanto en oriente como en occidente está claro que no todos los nacidos bajo un signo piensan igual o tienen una personalidad o un carácter igual. La gran diferencia obedece a la influencia cruzada que conforman los tres aspectos más importantes que marcan el ascendente determinado por el nacimiento, pues según su enseñanza, a cada animal le corresponde además influir además subsidiariamente, durante el lapso de dos horas diferentes, a lo largo de cada día.

Según las enseñanzas de los antiguos filósofos chinos, son cinco los elementos básicos que poseen características especiales y son asignados a cinco planetas visibles sin instrumentos: agua => Mercurio; metal => Venus; fuego => Marte; madera => Júpiter; tierra => Saturno; los cuales asimismo ejercen una influencia adicional sobre cada individuo, junto con las energías independientes provenientes del Yang => Sol y el Ying => Luna.

Las influencias de todos y cada uno de estos elementos son consideradas importantes para definir cada situación de la vida. Por ejemplo, el agua es esencial para subsistir; el fuego para cocer los alimentos, dar calor e iluminar; la tierra para cultivar; el metal para la elaboración de herramientas y armas; y la madera para la construcción de viviendas.

De modo que sostienen que cada animal rige un año lunar, además indican que cada uno de los cinco elementos, gobierna por diez años. Y no solo eso, cada elemento reina por espacio de dos años y de manera alternativa, alternan su influencia, uno bajo el signo del Ying y otro bajo el signo del Yang. De esta forma se establece el ‘equilibrio’, concepto que resulta fundamental en la profunda concepción de la filosofía china.

En complemento, el Taoísmo constituye un sistema global de descripción de la realidad de manera que analiza y clasifica los fenómenos de la naturaleza. Sus teorías son consideradas como leyes cósmicas inalterables, aplicables a cualquier plano y a las diversas manifestaciones de vida.

Mientras tanto, otras culturas han considerado la semana de siete días, el mes de 28 y el año de trece meses, lo que da un año con un total de 364 días y queda libre un día adicional. Su representación se realiza sobre un cubo-octaedro de doce esferas, rodeando uno central, donde se insertan los cinco sólidos platónicos.



Antes de la aparición e implantación del zodíaco se usaba el cinturón ecuatorial; así, los egipcios tenían 36 decanos ecuatoriales que regían 360 días, dejando cinco días epagómenos sin asistencia divina.

El cinturón ecuatorial egipcio pasa por las "tres Marías", llamada constelación Sahu u Orión en Egipto. Tal como se indicó, los signos del zodíaco son dibujos caprichosos que los seres humanos diseñaron en el cielo, específicamente con fines orientativos y en su forma varían dependiendo de cada cultura, cuyo diseño está ligado con su propia interpretación.

El zodíaco o zoodiaco, del griego zoé-diakos, significa rueda de la vida y es una banda creada a partir de un sistema de coordenadas que se extiende de ocho a nueve grados a ambos lados de la eclíptica sobre la esfera celeste, franja en la que aparentemente, desde el punto de vista de la superficie terrestre, se desplazan el Sol y los planetas.

Su nombre proviene del hecho que la mayoría de las constelaciones tienen nombres de animales, derivándose de allí la palabra zodíaco ζωδιακό, del vocablo griego zoon ('animal') o zodion, que significa las ‘figuras’, modelo que fue copiado por los griegos, aproximadamente, hacia el siglo VI a. C., para por su intermedio, entrar a visualizar el paso del tiempo, a través de las fases lunares.

Según sus más arraigadas creencias, el universo es un conjunto interdependiente en equilibrio y es la tarea del ser humano, guardar esa armonía, para obtener el bienestar, tanto físico como psicológico, para por medio de su influjo, lograr la correcta evolución de la persona.

Ahora bien, bajo un debido rigor conceptual, la astrología no es una disciplina científica, ni hace uso de un método científico específico, sin embargo, sigue siendo una amplia y difundida práctica común en todo el mundo.

Empero, uno de los argumentos más comunes usados en contra de la interpretación de la astrología es que las afirmaciones de los astrólogos quedaron obsoletas desde hace mucho tiempo.

De hecho la mayoría de los astrólogos de todas las latitudes hablan de doce signos zodiacales, es decir, de las doce constelaciones tradicionales, aun cuando en realidad son trece el número de las constelaciones que recorre el Sol durante su paso por la eclíptica, una vez se incluye el breve paso planetario por la zona de Ofiuco.

Curiosamente se analiza que desde la época en que las subdivisiones del zodíaco recibieron sus nombres, la precesión de los equinoccios ha desplazado la visión de la banda zodiacal del cielo tal desde el planeta tierra, aun cuando los antiguos nombres de los signos del zodíaco no han sido modificados, a pesar que como se indicó, ya no corresponden exactamente en sus fechas con las constelaciones reales vistas en el propio zodíaco, encontrándose, con que actualmente el sol, también transita por la constelación de Ofiuco.

Esto se ha convertido en uno de los argumentos más comunes usados en contra de la astrología pues se dice que las afirmaciones de los astrólogos han quedado fuera de tiempo hace mucho tiempo. De hecho la mayoría de los astrólogos hablan de doce signos zodiacales o constelaciones, cuando en realidad son trece las que recorre el Sol a su paso por la eclíptica al incluir a Ofiuco, constelación que no está reconocida dentro del zodíaco debido a que, a pesar de que ya se conocía en la antigüedad cuando se formularon las reglas de la astrología hace alrededor de 3000 años, ella estaba lejos del espectro de la eclíptica para entonces considerada. Así que por cuenta de la precesión de los equinoccios, claramente Ofiuco se ha ido introduciendo entre Sagitario y Escorpio, de manera que durante la primera quincena de diciembre, el Sol transita por esta constelación.

Intentar compaginar las creencias de las diferentes culturas que sobre los astros, los meses, los días de la semana, las constelaciones, los dioses, los elementos, los signos zodiacales, además de todas las demás innumerables interpretaciones asignadas a cada una de las diversas representaciones y propiedades adjudicadas ¡no basta!, sino lo que tal vez debe ser lo más importante, ‘su verdadera significación’, resulta casi imposible de concretar.

Sobre estos parámetros, no hay y posiblemente no habrá fácilmente una unidad de criterios. Unos y otros se contradicen o yuxtaponen arbitrariamente y como dice el adagio popular, no se sabe a ciencia cierta: ‘Qué fue primero, el huevo o la gallina’.

Sin embargo, en un somero ejercicio para efectos de intentar hacer rimar de un modo no tan disonante la matriz de los modelos propuestos, deriva de los meses a los astros, de estos a los signos y de allí, a los dioses asignados como regentes de cada uno, pero al final no se logra que su estructura sea coherente y sostenible, en especial, a la luz del vasto conocimiento heredado de un sinnúmero de culturas durante tantas generaciones, el cual, ha sido tantas veces modificado y en tantas otras ocasiones acomodado, tergiversado, manipulado o mal interpretado que se presta a la mayor de las confusiones.

Surge asimismo otro problema relacionado con la medición del tiempo, corresponde al inherente al diseño de los calendarios que por cuenta de los períodos de los movimientos de los astros, no presentan una relación consistente entre sí. La influencia de la Luna sobre la vida diaria muestra una importancia menor que la solar, ciclo que marca las estaciones y entonces se comprende que intentar prescindir de su definición, agrava notablemente el problema.

Muchas civilizaciones plantearon la implementación de calendarios lunisolares, pero a través de la experiencia se fue demostrando la superioridad de los calendarios estrictamente solares desde un punto de vista práctico. La explicación dice que resulta más sencillo acomodar solamente el calendario a los días, las noches y a las estaciones del año, sin entrar a considerar la Luna, astro que va acompañado de un movimiento diferente por lo que su acople resulta bastante complejo.

De todas maneras, prescindiendo de la luna, aún siguen existiendo el problemas originados por el hecho de que la periodicidad de las estaciones vista como la duración del año trópico, tampoco corresponde a un número exacto de días promedio.

“Los signos del zodíaco marcan la posición relativa del Sol con respecto de la ubicación de las constelaciones del zodíaco, y en general se acepta que para cada individuo, en su cúspide se produce en el momento del nacimiento de la persona, instante que corresponde a la determinación del sino que le acompaña toda la vida, regido bajo el signo astrológico correspondiente”. Anónimo.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

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Autor: Daniel García Vanegas

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