martes, 3 de junio de 2014

LOS VALORES (II)


“No vivas en el pasado, no te ilusiones con el futuro. Trabaja en el presente para ser lo que ahora estás siendo”. Budha.

Recordando que la axiología permite identificar los sistemas de funcionamiento interno del individuo, así como la valoración de su influencia en las percepciones, decisiones y acciones propias de las personas, se puede continuar con éste análisis.

Sin embargo, lo que sí está claro en todas las tendencias del pensamiento, es que los valores pueden diferenciarse con base en su grado de importancia y pueden ser conceptualizados en términos jerárquicos, en cuyo caso, algunos de ellos, poseerán una posición más preponderante que otros, según sea el caso.

Ahora, si bien no existe una ordenación única de los valores pues los criterios valorativos son cambiantes de acuerdo con las variaciones del tiempo, el medio y su contexto, algunos filósofos, entre ellos los alemanes Nicolai Hartman, Heinrich Rickert o Max Scheler buscaron una respuesta a esta falencia.

Este último, luego de múltiples propuestas, intentó elaborar y tipificar una adecuada jerarquía de los valores, la cual desembocó hacia 1941 en la clasificación básica, hoy conocida como:

‘LA ÉTICA AXIOLÓGICA’  incluye:

TIPO DE VALORES
CONDICIONAMIENTO
Sensibles
Por sí mismos: Agradable y Desagradable.
Por referencia: Útil e Inútil.

Vitales

Noble y Vulgar, Sano y Enfermo, Enérgico e Inerte, Fuerte y Débil.
Espirituales
Estéticos: Bello y Feo.
Éticos: Justo e Injusto.
No éticos: Conocimiento y Error.

Religiosos

Asignados: Santo y Profano

Esta clasificación ya destaca, en función del principio de la dualidad, el hecho que cada valor tiene un contravalor que lo complementa o anula.

Más adelante en 1973, Milton Rokeach en su libro: “La naturaleza de los valores humanos” agregó la distinción fundamental entre los valores de tipo instrumental y los finales, al relacionar los modos de conducta o valores morales, frente los valores terminales, estos últimos referidos a estados deseables de existencia (paz, libertad, felicidad, bien común) conceptos que contribuyeron con la clasificación detallada que ofrece el profesor Ricardo Marín Ibáñez en su publicación “Valores, actitudes y objetivos en la educación” (1976) la cual diferencia siete grupos.

Sobre dichas bases, hoy en día la clasificación más extendida es la siguiente:

1.      Valores económicos de uso y de cambio. (Técnicos y utilitarios);
2.      Valores biológicos vitales (Salud, educación física, higiene);
3.      Valores sensibles. (Placer, alegría, esparcimiento);
4.      Valores estéticos. (Belleza: real, literaria, musical, pictórica);
5.      Valores intelectuales. (Conocimiento: humanístico, científico, técnico);
6.      Valores morales. (Individuales y sociales); y,
7.      Valores trascendentales. (Cosmovisión, filosofía, religión).

Dentro de la anterior clasificación, los valores más relevantes son los morales, ya que éstos dan sentido y mérito a todos los demás.

De muy poco sirve tener salud, inteligencia, fe, comodidad o belleza, si no se practican la honestidad, la bondad o la justicia. La ausencia de valores morales es un asunto triste y lamentable, porque su carencia hace menos humanos a los hombres.

Es más, para intentar llegar a una coherente jerarquización axiológica, se hace necesario adoptar criterios definidos, a partir de los cuales se logre establecer una escala de categorías de los valores.

Por ello, algunos de dichos criterios se esquematizan a continuación, siguiendo un orden alfabético:

ü  Aplicabilidad: Los valores se aplican en las diversas situaciones de la vida; entrañan acciones prácticas que reflejan los principios valorativos de la persona, su educación y las necesidades que forzan su aplicación.

ü  Complejidad: Los valores obedecen a multiplicidad de causas, requieren complicados análisis, juicios y decisiones.

ü  Concientización: La forma en que se refleja un valor en la conciencia da su propia significación, ya sea individual o colectiva.

ü  Deseabilidad: Los valores conllevan en sí mismos, elementos atractivos que los hacen deseables.

ü  Dinamismo: Los valores se transforman con el paso del tiempo y con las épocas.

ü  Durabilidad: Los valores se reflejan a través del curso de la vida. Hay valores que son más permanentes en el tiempo que otros. Por ejemplo, el valor del placer, es más fugaz que el de la verdad.

ü  Elegibilidad: La culminación del acto moral, así como asimismo el logro de los sistemas éticos, se alcanzan al elegir las finalidades que se realizarán en la vida.

ü  Expresividad: que por un lado define las necesidades cambiantes del ser humano y por otro fija la significación positiva de los fenómenos naturales y sociales para la existencia y desarrollo de la sociedad.

ü  Flexibilidad: Los valores cambian junto con las necesidades y experiencias de las personas.

ü  Finalidad: los valores y su práctica tienen como objetivo mejorar la calidad de vida

ü  Funcionalidad: Los valores cumplen la función de ser reguladores internos de la actividad humana, y pueden coincidir en mayor o menor medida con el sistema objetivo general de valores.

ü  Independencia: Los valores conforman un dominio de objetos independiente de la realidad.

ü  Integralidad: Cada valor es una abstracción íntegra en sí mismo, no es divisible.

ü  Jerarquía: Hay valores que son considerados superiores (dignidad, libertad) y otros son apreciados como inferiores (los relacionados con las necesidades básicas o vitales). Las jerarquías de valores no son rígidas ni predeterminadas; son individuales y se van construyendo progresivamente a lo largo de la vida.

ü  Polaridad: Todo valor que se presenta en sentido positivo y cuenta con uno negativo y viceversa. Cada valor conlleva por lo menos un contravalor.

ü  Presencia: Los valores están siempre presentes, sea en la personalidad, en la sociedad o en la cultura humana.

ü  Satisfacción: Los valores producen satisfacción en las personas que los practican.

ü  Trascendencia: Los valores trascienden el plano concreto y van más allá, dando sentido y significado a la vida humana y a la sociedad que los aplica.

ü  Universalidad: Todos los seres humanos independientemente del grado cultural y de civilización que dispongan, poseen su propio sentido cívico, ético o moral.

ü  Voluntariedad: Los valores están ligados a los actos voluntarios, pues son calificados como buenos o malos. Proceden de la voluntad y no de las obras que llevan a cabo.

Los valores no son normas de conducta, pues las normas son reglas para comportarse de un modo determinado, mientras los valores no obedecen a ese tipo de obligatoriedad predeterminada.

Acá, se hace necesario establecer una diferenciación entre valores morales y éticos.

Valores morales, son aquellos de orden práctico que perfeccionan íntimamente al individuo, haciéndolo más humano, con mayor calidad como persona.

En general son aprendidos, relativos y cambiantes. Surgen primordialmente del aprendizaje obtenido por el influjo de la familia y del entorno. Son intrínsecos en su génesis y extrínsecos cuando son reconocidos por otros, quienes son sus observadores o beneficiarios.

Considerando el nivel de mayor o menor incidencia social, se habla de valores morales públicos o cívicos. Estos tienen que ver con el respeto, la tolerancia, la honestidad, la solidaridad, la igualdad, la lealtad, el trabajo y la responsabilidad, entre otros.

Por su parte, los valores éticos son aquellas estructuras del pensamiento que se mantienen preconfiguradas en el cerebro, de cara a atender la necesidad de supervivencia.

Los valores éticos son medios adecuados para conseguir la realización a partir de actuaciones privadas o personales. La Justicia y el bien son los valores éticos fundamentales o básicos.

Todos los otros valores de carácter ético, no son sino concreciones de los ya mencionados. Se destacan amistad, la autenticidad, la creatividad, la felicidad, el placer, la profesionalidad, la ternura y tantos otros.

Los contravalores muestran la otra cara de la moneda del comportamiento humano y están regidos por conductas socialmente rechazadas, sea por negativas, erradas, inconvenientes, inmorales o sin escrúpulos que se oponen a los sanos principios de la moral y la ética, de forma que generan desconfianza, desprecio y rechazo por parte de los demás, inclusive llegan hasta ser castigados por parte de las normas sociales.

La deshonestidad, la deslealtad, el egoísmo, la injusticia, la irresponsabilidad, la intransigencia, la intolerancia y la traición, son unos pocos ejemplos, de aquellos considerados, malos comportamientos.

Los valores tienen que ver con los efectos que sobre las personas, sobre la sociedad o sobre el medio ambiente que generan tanto las conductas y las costumbres, como las decisiones. De manera que valores básicos como la paz y la felicidad, sólo se pueden construir sobre escalas de valores individuales y sociales sanas y sólidas. La toma de conciencia sobre la trascendencia y la necesidad de resaltar los valores, representan para todas las personas, un reto inestimable.

El ser humano no sabe vivir sin valorar y permanentemente vive el proceso. Se valoran las acciones, las personas y los objetos del entorno; normalmente no se tiene una actitud indiferente y pasiva frente a la realidad, sino que se la valora y se actúa en concordancia.

Un valor es entonces, una cualidad, una propiedad o una característica que, atribuida a acciones, personas u objetos, justifica una actitud positiva o preferencial hacia ellos, generada a partir de una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen, la estimación, la toma de decisiones y la debida actuación lejos de fanatismos.

Simplemente, las personas valoran al preferir, al estimar o al elegir unas cosas, en lugar de otras; valoran al formular metas y propósitos personales y lo hacen libremente mediante la aplicación de fuerzas que parten de creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor, acciones, etc.

“Fanático es aquel que no puede cambiar de opinión, ni tampoco quiere cambiar de tema. Winston Churchill.


Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas.

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Etiquetas: ética moral axiología consciencia valores principios universalidad voluntad presencia trascendencia