martes, 5 de enero de 2016

LA ASTROLOGÍA (1)


LA ASTROLOGÍA (1)


 “…dejen al hombre creer cierta cosa un tiempo suficiente y con una fuerza suficiente y entonces la Naturaleza, hablando de una cierta forma, lo acepta de él. El pensamiento, siendo esencialmente siempre positivo, puede trabajar sobre el ‘anima mundi’ pasivamente y moldear la creencia a su voluntad. Charles E. Carter.

La astrología, corresponde a un conjunto de creencias que pretende entre otras cosas, entender, conocer y predecir el destino de las personas que son influenciadas por la energía de los astros y es a partir de éste conocimiento, que se define la forma como se pronostican con algún grado de certeza, eventos, sucesos y comportamientos futuros.

Contempla que para llegar a lograr dicho conocimiento es necesario dominar el arte de la observación, tanto de la posición, como del movimiento de los astros. Las personas que practican esta disciplina sostienen que la posición espacial del planeta, dentro de un marco temporal determinado, influye o se correlaciona con los rasgos de personalidad de los individuos, e inclusive afecta los eventos importantes en sus vidas, y que es más, hasta llega a influir en las características físicas y rasgos que los acompañan.

Etimológicamente el término astrología, significa: estudio de los astros. Proviene del griego: αστρολογία (astrología) derivado de άστρον (ástron): ‘estrella’ y λόγος (logos): ‘palabra, estudio o tratado’.

La reverencia por lo imponente del cielo y la inmensidad del contenido de su bóveda, corresponde a un factor común que se halla presente en todas las civilizaciones anteriores, desde las más antiguas, hasta las indígenas actuales.

Es lógico, si se tiene en cuenta que el ciclo vegetativo está regido por las estaciones y que éstas a su vez quedan puntual y precisamente determinadas por los movimientos cíclicos de los astros, marcando así la importancia del movimiento celeste que con el tiempo ha sido ligado con festividades, celebraciones y deidades.

Para los antepasados, la astrología y la astronomía concurrían consistentemente como una sola ciencia para realizar el estudio del comportamiento del cielo, ellas sólo fueron separadas como resultado de las tendencias del racionalismo, acaecidas luego de surgir el renacimiento, de la misma forma que en su momento llegó la separación de la alquimia y la química.

El uso de esta disciplina en el mundo actual, la hace considerar como un conocimiento válido, de forma tal que la convierte en una pseudo-ciencia. A nivel espiritual, alquimia es simultáneamente la ciencia y el arte de producir un cambio interior, de modo que ocurra en conformidad con la voluntad consciente de todo aquello que el observador desea experimentar.


Para la sociedad occidental moderna, el cielo y sus movimientos cíclicos, han perdido importancia, y aun cuando este fenómeno sigue ejerciendo una gran atracción en la gente, aparentemente ya no es fundamental para el desarrollo de la vida moderna, aislada de los efectos directos de la naturaleza, e imbuida dentro del microambiente creado por los campos de la ciencia y la tecnología.

Bien que se sepa por pruebas fehacientes, su práctica nació en Babilonia hace más de 5.000 años. Ha sido convertida en una mezcla de ciencia, religión, mitos y creencias. El estudio científico de la evolución de las estrellas a través del tiempo, se asocia con ciertos eventos, buscando identificar y predeterminar su real ocurrencia. La parte religiosa pretende interpretar las correlaciones entre los sucesos cósmicos y los terrestres, al buscar y predecir acontecimientos tales como la caída de los reyes o los resultados de ciertos combates o el destino de las guerras.

Indudablemente la observación del cielo proporcionó y perfeccionó ciertas herramientas de cálculo y bases de datos hoy a disposición de la astronomía y de la astrología actual, de los cuales, se resalta el marco gráfico actual del zodiaco, levemente obsoleto tal vez, puesto que las estrellas en su conjunto, al igual se mueven, en apariencia muy lentamente a través del tiempo, lo cual hoy se pone muy de relieve, bajo la medición efectuada por los avanzados instrumentos que brinda la astronomía actual.

Cada civilización ha manejado su propia astrología y de allí surgen además muchas y notables diferencias. Los egipcios aislaron la superstición y manejaron el tema científicamente, mejorando por ejemplo, la medición de los ángulos relativos a los astros y no sólo el aparente tránsito estelar.

Es innegable la estrecha relación que la humanidad se ha creado entre los astros y su regencia en el transcurso del tiempo, fenómeno marcado por la interpretación de los signos que se hace a partir de la ubicación de las casas a través de los signos y la regencia de los planetas que refleja la eclíptica celeste.

Resulta complicado determinar cómo se estableció la regencia de los planetas que prácticamente figura en todos los antecedentes, desde Ptolomeo hasta Noel Tyl, en la actualidad. Por espacio de varios siglos ese antiguo esquema de regencia estándar, estuvo hasta comienzos del siglo VI, cuando fue prohibido eficazmente por la Iglesia Católica, hasta casi su desaparición.

Mientras que el zodíaco era indudablemente reconocido en Babilonia inclusive hasta 5000 años atrás, se considera que fue alrededor del 520 a.C., cuando Cleostratos de Tenedos definió con mayor precisión, las doce casas que albergan los signos del zodiaco, al dividir la eclíptica en partes iguales.

Una gran cantidad de la información que hoy se tiene acerca de los babilonios antecedidos por los sumerios se ha rescatado a través del afortunado suceso de encontrar en sus ruinas, las 22.000 tablillas de arcilla que brindaron los textos y las representaciones acerca de su modo de vida, la disponibilidad de amplios conocimientos y las bases de sus arraigadas creencias.

En sus registros aparecen pruebas del conocimiento astronómico más avanzado y sofisticado de la antigüedad. Se les atribuye que agruparon las estrellas en los módulos y orden propios de las constelaciones, tal como hoy se reconocen hoy, y les dieron los nombres que aún se utilizan, junto con la asignación de localización dentro de la bóveda celeste. Incluyeron la existencia de todos los planetas del sistema solar, entre ellos Urano, Neptuno y Plutón, cuerpos celestes que sólo fueron encontrados recientemente gracias a los avances de la astronomía moderna.

Definieron el movimiento progresivo diario del sol en su sucesiva aparición en el horizonte, al punto que detectaron los momentos del año en los que el sol sale dos días en el mismo lugar. Es en esos dos días cuando el día y la noche tienen la misma duración, de modo que los identificaron como los puntos de referencia a los que denominaron equinoccios. A partir de esta medida del paso del tiempo, se empezó a contar el transcurrir de los ciclos de tiempo del planeta.

Se adoptaron los válidos conceptos de la astronomía esférica, la definición de los polos, la posición cambiante de los ejes de rotación, la eclíptica, la presencia de los solsticios y lo más sorprendente es que igual sabían sobre el ciclo llamado la precesión de los equinoccios que corresponde al cambio gradual en la orientación del eje de rotación del globo terráqueo, en una trayectoria circular alrededor del polo, similar al bamboleo de una almohadilla peonza cuyo ciclo se cierra cada 25.776 años.

Registraron también que el sistema solar gira alrededor de Alción, que se constituye en el sol central de las Pléyades, cuyo giro tarda 25.920 años en completar cada ciclo. De esta manera los sumerios hicieron coincidir el tiempo terrestre con el tiempo celeste, una inmensa medición que determina ciclos que son precursores de los más significativos cambios de la historia del planeta.

Como si fuera poco, dividieron el recorrido elíptico en doce cuadrantes de 2.160 años, denominadas eras sucesivas, dando a cada uno la representación de un ícono o un animal, en lo que tradicionalmente se denomina el zodiaco que sirve como base de los calendarios antiguos y modernos y por supuesto de la astrología como pseudo-ciencia.

La primera referencia literaria que menciona al día, la noche, el mes y el año, se registra en el poema Gilgamesh, escrito en caracteres cuneiformes y que narra las míticas aventuras de este jerarca de la ciudad sumeria de Uruk, quien vivió alrededor del año 2750 a.C. La escritura ya la habían desarrollado los sumerios se calcula sobre el año 3300 a.C. Luego, la biblia hace referencias a la semana y a la hora, más se sabe que los babilonios igual ya dividían el arco en grados y minutos.

Antiguos calendarios de Babilonia y Egipto refieren los ciclos lunares, cada mes duraba desde una luna creciente hasta la próxima, o desde una luna llena hasta la siguiente. Sin embargo, vale resaltar que antes que fuesen designados los signos, ya fueron establecidos los meses. Anónimo.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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ETIQUETAS: Astrología, zodiaco, horóscopo, almanaque, calendario, mitología, retrospectiva, cosmovisión, tiempo, sumerios, tradición, humanidad, historia.


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