martes, 12 de enero de 2016

LA ASTROLOGÍA (2)


LA ASTROLOGÍA (2)


"La astrología se ha considerado la ciencia que mira hacia futuro. La verdad astrológica en su aspecto más elevado y en su verdadera interpretación, contempla que el conocimiento finalmente permitirá al observador enfocar su comprensión y su actuar de manera correcta". Anónimo.
  
Antes de entrar de lleno en la materia, resulta imprescindible hacer un paso obligado por los antecedentes que brinda la astrología mesopotámica, introducción que lleva al observador ante los Sumerios, a quienes junto con los antiguos egipcios, se les atribuye el hecho de ser los fundadores de las primeras civilizaciones, cuyo apogeo inicial se remonta al tercer milenio a.C., aun cuando vale decir que no está suficientemente claro aún, cuál cultura se desarrolló primero o si fueron simultáneas como se presume.

Para empezar conviene hablar de cultura sumerio-acadia, ya que los acadios fueron, en esos tiempos, un componente importante de la población que luego llegaría a ser mayoritaria.

Determinar sobre sus conocimientos astronómicos resulta complicado debido a la antigüedad, escasez y fragmentación de las fuentes sobrevivientes. Se destaca la mención en un texto de gramática que data del 2500 a.C. la palabra Mul-Mul que en sumerio, significa ‘las estrellas’, con referencia a las Pléyades, nombre más antiguo conocido para designar a un astro.

La cultura sumeria fue asimilada por los semitas y como resultado, casi todos los conocimientos astronómicos mesopotámicos son semitas, lo que dificulta saber qué datos son estrictamente sumerios, y cuáles fueron añadidos por pueblos posteriores. Empero, los nombres de las estrellas y constelaciones que aparecen luego son sumerios, pues su grafía se siguió usando como lengua sagrada siglos después de haber desaparecido como lenguaje hablado.

La referencia de los orígenes procedentes del periodo acadio (2350-2150 a.C.) y la primera época de Babilonia (1950-1500 a.C.) han llegado numerosos cilindros o sellos con representaciones de las muchas constelaciones clásicas tales como: Águila, Acuario, Tauro, Leo… y cada una representada por un dios.

Hay cilindros cerámicos que se remontan al denominado “renacimiento sumerio” correspondiente a la III Dinastía de Ur (2050-1950 a.C.) sucedido tras la caída de Acad  y en consecuencia, influenciados por los conocimientos vigentes en el período acadio.

Paradójicamente, muchas de las representaciones más antiguas de estas figuras no provienen de Sumer, sino de Elam, nación rival por excelencia de la primera. En esos sellos se ven representados muchos dioses tal y como están presentes en las constelaciones posteriores. Abundan figuras de leones, toros, escorpiones y otros tantos íconos mitológicos que sin duda fueron asociadas luego con las constelaciones.

Hoy se discute si esa serie de figuras divinas que aparecen en tales sellos, representan o no constelaciones y en qué medida su interpretación procede.
  


Cilindro-sello sumerio que aparentemente representa constelaciones zodiacales: de izquierda a derecha, Urgula, Pabilsag, Anunitu, Shamash/Utu (con un cuchillo en la mano), Simmah (la Golondrina), Ea/Enki y su ministro, Isimud.

Ya durante el periodo babilónico antiguo (1830 - 1530 a.C.) se destaca un texto llamado "Oración a los dioses de la noche", escrita en acadio donde se mencionan diez y siete ‘estrellas’ usadas para la práctica de técnicas adivinatorias. No se trata de un texto astronómico, sin embargo, el orden de los dioses y/o ‘estrellas’ es casi el mismo que aparece en las famosas tablas Mul-Apin.

Del periodo Cassita (1530-1160 a.C.), llamado así por la influencia de la tribu de invasores procedentes de Irán que sometió a Babilonia, e influenció las creencias tras su destrucción alrededor del 1600 a.C. por cuenta del rey hitita Murshil I, hasta el punto que se asimiló su cultura, para influir sobre gran parte de textos que hoy hablan del inmenso saber astronómico de esa época.

Uno de los textos más famosos que se pueden remontar a esta época son los conocidos como: Enuma Anu Enlil, que significa: ‘Cuando An y Enlil…’: pues Anu o An, junto con Enlil y Ea eran la trilogía de dioses sumerios más destacados. Los sellos Enuma Anu, fueron encontrados entre setenta tablillas de la biblioteca de Nínive, provenientes del rey asirio Asurbanipal (668-626 a.C.), aunque según parece, fueron redactados bajo el reinado babilonio Nabucodonosor I (1124-1103 a.C.). 

En los textos de Enuma Anu, se encuentran más de 7000 observaciones de fenómenos celestes tales como salida de estrellas, conjunciones planetarias, meteorología…, que se suman al corpus de conocimientos astronómicos babilonios de los que se sabe son anteriores a la época cassita, tal como igual lo son las Tablas de Venus redactadas bajo Ammi-saduqa (1646-1626 a.C.) uno de los sucesores de Hammurabi, donde se recogen varias salidas y puestas heliacas de Venus, así como varios eclipses de Sol, información que se ha utilizado para fechar el período de reinado de Hammurabi, y en relación con éste, el de la mayor parte de eventos acaecidos en la Mesopotamia durante el segundo y tercer milenio a.C.

A propósito, conviene no confundir el Enuma Anu con el Enuma Elish  que significa: ‘Cuando en lo alto…’, el poema del Génesis o la creación del mundo que se compila en siete tablillas con unas mil líneas, las cuales fueron encontradas el siglo pasado en Nínive, Asur, Kish y Sultantepe.

Pues bien, en el periodo (1350-1100 a.C.) hacen su aparición las primeras representaciones clásicas de las constelaciones, especialmente representadas en los denominados kudurrus o kudurreti palabra en plural acadio, que significa ‘límite’, ‘frontera’ o ‘territorio’.


Un kudurru es una estela grabada con valor de acta, que hace referencia a donaciones de terrenos e inmuebles en beneficio de una comunidad, grupo  o personaje importante. En estas estelas se representan los dioses mesopotámicos semitizados bajo los símbolos propios de cada uno, para intentar con su presencia garantizar la validez del documento y el compromiso de honrar su palabra.

Los símbolos introducidos en esa época, permiten una identificación directa de cada dios, incluso hacerlo por parte del pueblo en su mayoría analfabeto. En algunos de estos kudurrus, los símbolos de los dioses aparecen distribuidos aparentemente siguiendo la misma distribución presente en las constelaciones del cielo.

En estos kudurrus se ven algunas de las representaciones más antiguas y confirmadas de las constelaciones reconocidas como son: Águila, Hidra, Escorpio, Tauro, Triángulo, Leo, Sagitario, Capricornio o Acuario. En concreto, se puede decir que por lo menos seis de las constelaciones zodiacales clásicas tal y como hoy se conocen, provienen claramente de éste período, aun cuando su origen es seguramente muy anterior. Claramente se conservan: Tauro, Leo, Escorpio, Sagitario, Capricornio y Acuario.

Como lógico resultado, los arqueo-astrónomos han creado una verdadera disciplina, llamada “kudurrrología”, con la cual se intenta descifrar cada símbolo que aparece en esos monumentos. Naturalmente, es preciso destacar que las interpretaciones basadas en kudurrus, por no hablar también de las basadas en los cilindros-sellos, son subjetivas, y varían enormemente de un autor frente a otro.

Además, para ésta época, se describen por primera vez las distintas estrellas asociadas a cada mes, así como la sagrada asignación de las divisiones correspondientes a la bóveda terrestre: el norte para Enlil, o sea la región comprendida entre los trópicos de Cáncer y el de Capricornio; para Ea y para An y la parte inferior. Es más, a cada división celeste le correspondería una división geográfica: Enlil con Acad, An con Elam y Ea con Amurru.

Resulta ilustrativo ver que en dichas listas aparecen posibles menciones a las más variadas constelaciones zodiacales, tanto es así que en el texto de Enuma Elish, ya se habla de relacionar tres estrellas o en su defecto astros visibles, con cada una de esas zonas y más curioso aún, con un mes determinado.

“Resulta apropiado considerar que dentro de las futuras revelaciones de la astrología, será posible hallar el secreto de la exquisita coordinación que existe entre el alma y la forma. Pero esa versión de la astrología aún no ha llegado, pues es mucho lo que se pasa por alto o simplemente su esencia se desconoce, de modo que por ahora no es posible hacer de la astrología la ciencia exacta que algunos pretenden. La aseveración y el acceso a su propósito serán cumplidos en una fecha futura, una vez haya llegado el momento oportuno". Anónimo.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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Namasté…