martes, 3 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA MESOPOTÁMICA (2)


MITOLOGÍA MESOPOTÁMICA (2)

“Cierto es que si se mira con detenimiento, casi siempre se encuentra algo, más no siempre resulta ser lo que uno busca”. J.R.R. Tolkien.

Cabe recordar una vez más que si bien la historia de la Tierra abarca unos quinientos millones de años, con los medios disponibles actuales sólo se tiene acceso a registros correspondientes a los últimos cinco millones y medio.

Narra la leyenda en su retrospectiva que hace alrededor de 445.000 años, llegaron del espacio exterior a la tierra los anunnakis, seres originarios del planeta Nibiru, con la idea de explotar los recursos en busca de oro y que según se afirma, lo hicieron bajo la necesidad que en su planeta, producto de las constantes abusos y guerras, la atmósfera había sido deteriorada notablemente, por lo que para su recuperación requerían esparcir constantemente polvo de oro en la estratosfera, para así evitar que penetrase la radiación cósmica mortal.

Para ese entonces, Anu era el monarca soberano y máximo mandatario del planeta Nibiru o Nubiru, quien encabezaba la llamada triada de los luego asumidos dioses Sumerios y contaba con sus dos hijos, Enlil y Enki, enfrentados entre sí por la preponderancia y la sucesión del trono.

Enlil ‘dios de las tormentas y el viento’, era segundo hijo de Anu, en un principio nombrado el ‘dios supremo de la Tierra’, regía desde la Mesopotamia. Igual era conocido por su naturaleza fuerte y violenta, un ser colérico que según describen los textos sumerios, era canciller militar, arrogante y dictador, al que solo le interesaba la conquista de nuevos territorios de las poseciones sobre las que esperaba gobernar.

La rivalidad con su medio hermano mayor Enki, residía en que ambos eran hijos del mismo padre, pero de distinta madre, y aun cuando Enki era el primogénito, no podía ser el heredero legal, por ser hijo de una concubina (Ki), en cambio Enlil era hijo de Nannu o Anthur, esposa oficial de Anu, motivo por el que fue nombrado heredero forzoso en la línea sucesorial al trono. Sus símbolos eran una corona con siete estrellas o las Pléyades; el centro de su culto fue la ciudad de Nippur, donde poseía la tecnología regente del llamado ‘Ojo que explora la tierra’.

Por su parte Enki, era el dios Sumerio de las aguas, la fertilidad y la sabiduría, conocido como el guardián de las leyes divinas, su imagen corresponde a la de un benévolo científico con grandes conocimientos sobre ingeniería genética, por medio de los cuales diseño y creó ciertas mejoras del ser humano, manipulando el ADN para mejorarlo a través de diversos intentos, además, era un dios Sumerio que podría considerarse de carácter benéfico para la humanidad.

Se distinguía por sus dotes de sabiduría y filosofía espiritual. Fue él quien impartió una serie de conocimientos al hombre antiguo, le ofreció sus enseñanzas en agricultura, escritura, matemáticas y astronomía, siendo además un gran ingeniero hídrico, capaz de reconducir ríos, canales y causes o crear grandes embalses para proveer de agua a los pueblos nacientes.

Mientras Enlil guardaba cierto menosprecio por los hombres, hasta el punto que intentó destruir la raza humana en tres ocasiones, siendo la más popular de ellas el diluvio universal, Enki, como creador del desarrollo del hombre, sentía una especial devoción por su obra respecto a la humanidad, de modo que sus intenciones y esfuerzos se avocaron en mejorar la calidad de vida en la tierra y en más de una ocasión hasta arriesgo su propia vida para defender los pueblos de la tierra del ataque de otros dioses quienes pretendían aniquilar la humanidad por medio de armas desbastadoras.

Según las tablillas sumerias, la primera expedición de anunnakis que llego a la tierra, estaba compuesta por cincuenta miembros liderados por Enki, enviado a la tierra por su padre Anu, con el fin de establecer un puerto espacial y construir una refinería de oro y minerales para realizar grandes extracciones, la cual inicialmente se ubicó en el golfo pérsico, pues gracias a su avanzada tecnología descubrieron grandes yacimientos de oro bajo las aguas de la región.

En éste punto se debe recordar que los anunnakis, por cuenta de su depredación, enfrentaban una grave crisis en torno del ecosistema y la atmosfera de su planeta Nibiru. Los rayos ultra violeta del sol en su galaxia estaban causando graves estragos, debido a débil capa de ozono de su atmósfera, así que necesitaban oro para su propia supervivencia. Idearon un sistema para refinar el mineral y lo liberaban en forma de partículas de polvo en suspensión alrededor de su estratosfera, de esta manera creaban una barrera protectora contra los rayos solares.

Enki, encargado del proyecto pidió a su padre permitir edificar una primera ciudad en la Mesopotamia meridional, bautizada Eridu que significa ‘casa construida en la lejanía’, emplazada como puerto maritimo para facilitar la extracción del oro, sin embargo, el plan original no tuvo éxito, debido a un sin fin de dificultades técnicas enfrentadas en la construcción de un sistema de minería acuática para extraer oro desde el mar, por consiguiente, el soberano gobernante Anu asume el fracaso de la misión y viaja a la tierra para trazar una nueva estrategia y trae consigo a su hijo Enlil.

Así las cosas, Anu le otorga a Enlil el control de la misión terrestre y relega al decepcionado Enki hacia un nuevo proyecto, esta vez, para adelantar nuevas extracciones de oro, ubicadas en el sureste de África, donde se habían descubierto grandes yacimientos en tierra firme, llamando a esa región el Arsu o ‘La fuente primordial’.

Con la llegada de Enlil, a su mando descendieron un total de seiscientos anunnakis más. Mientras tanto, el oro extraído de las minas africanas era transportado por vía marítima hasta Mesopotamia y de allí hasta Badtibira un nuevo asentamiento donde se fundía y refinaba el metal en lingotes. Tal y como lo han mostrado algunos pictogramas impresos en las tablillas, efectivamente se han encontrado lingotes de oro en algunas excavaciones realizadas en el oriente próximo.

Según la descripción de las tablillas, los Anunnakis fundaron un total de siete bases operativas en la Mesopotamia Meridional, así, después de Eridu, la siguiente base fue Badtibira que significa ‘Lugar brillante donde el mineral se finaliza’, era pues el centro metalúrgico de fundición donde se refinaba el oro. Otro emplazamiento fue Laraak significa: ‘Viendo el brillante fulgor’, la cual era una ciudad que como su nombre lo indica, cumplía con la función de faro, ya que emitía luces para guiar y facilitar los aterrizajes de las lanzaderas espaciales. Sippar significa ‘pájaro’ y era un puerto espacial equipado con una pista de aterrizaje. Shuruppak, el ‘lugar del supremo bienestar’, era el centro médico liderado por Ninhursag hermanastra de Enlil y Enki.

Nippur que significa ‘El lugar terrestre de Nibiru’, era el centro de control de la misión, al frente del cual estaba Enlil. En el centro de Nippur, según describen los textos, había una cámara luminosa, la que llamaban Duranki o ‘el enlace cielo-tierra’, era en realidad el centro de comunicaciones con el cual se comunicaban con su planeta natal y con los transbordadores espaciales que orbitaban la tierra, los Igigi, palabra significa ‘Aquellos que ven y observan’, quienes eran los astronautas de la misión y permanecían en el espacio en espera de recibir el oro, para desde allí embarcarlo en naves con destino a Nibiru. Había un total de trecientos Igigi orbitando la tierra.

El investigador ruso Zecharia Sitchin, además se dio cuenta que todas estas ciudades, estaban estratégicamente configuradas para recibir lo que se pueden llamar transbordadores espaciales. Solamente al ser observado desde el cielo, todo aquello empieza a tener sentido, en un ejecicio gráfico, dispuso un mapa de la región donde marcó círculos concéntricos alrededor de la ubicación de esas ciudades, luego, trazó tres líneas dentro de las cuales se enmarcaban las siete ciudades exactamente simétricas y todas ellas sin excepción, formaban una ruta en línea recta, con apariencia de flecha, pues todas coincidían dentro de una línea central, allí donde estaba situado precisamente Sippar, el puerto espacial con una pista de aterrizaje. Esta parece ser una evidencia difícil de rebatir, puesto que la distribución de estas localizaciones parece regirse por una geometría matemática que va más allá de las leyes de la casualidad.

“Aunque la meta de nuestra normal evolución sea mayor y más gloriosa de lo que podamos imaginar desde nuestro actual punto de vista, no cabe compararla con la expansión de conciencia que, combinada con el puro ennoblecimiento del carácter, nos aguarda en las altísimas cumbres a que conduce el Sendero de iniciación. W. Scott Elliot.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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ETIQUETAS: Anunnaki, nephlin, humanidad, historia, prehistoria, diluvio, Nibiru, mesopotamia, babilonia, sumeria, asiria, enki, anu, enlil, gigi, lulu, marduk, inanna, mitología.