martes, 3 de mayo de 2016

LA ASTROLOGÍA (18)

LA ASTROLOGÍA (18)

“Es posible aprender mucho de la naturaleza del alma a través de la introspección, ya que ella mira a través del prisma de los colores y el significado de los rayos”. Anónimo.

Es cierto que a través de toda su historia, la astrología ha sido considerada también como como un mecanismo de conservación de la tradición académica del esoterismo, por tanto, ha sido aceptada en el contexto político y académico, puesto que con su paso influyó en la consolidación de otra clase de estudios, tales como la astronomía, la alquimia, la meteorología, psicología y la medicina.[1]

A finales del siglo XVII, con el advenimiento de una nueva serie de teorías físicas y gracias a los avances de la astronomía apoyadas en el heliocentrismo y en la mecánica de Newton, se comenzó a cuestionar la condición científica de la astrología y hasta de las más simples condiciones la física tradicional.

Queda para entonces más claro que la astrología y la astronomía persiguen diferentes objetivos de estudio y aun cuando ambas disciplinas se basan en los astros, estos son nada más que un sólo punto de identificación común, puesto que un análisis cercano muestra grandes diferencias:

La astronomía:

El objetivo de su estudio es sobre los cuerpos celestes y mira la dinámica, la interacción y los fenómenos físico-químicos inherentes, así, para estudiar el universo, se soporta en las matemáticas, la física y la química.
ü  Su alcance contempla la visión de todo el universo conocido y desconocido, ya que revisa las constelaciones, galaxias y todo lo demás que le subyace.

ü  El tipo de razonamiento que utiliza es lógico-deductivo y se basa en el patrón cartesiano de causa y efecto.

ü  Los ciclos de los cuerpos celestes descritos son detectables y observables.

ü  Las predicciones son muy precisas y específicas, ellas identifican los eclipses, la presencia de cometas y observan las fases de la luna.

ü  Su punto de vista es universal, pues observa desde diferentes ángulos de visión y construye una visión panorámica.

La astrología

Su disciplina observa e interpreta la forma como la posición y curso de los astros afecta las personas y la relación que se da entre las estrellas ante su tipo de comportamiento, personalidad, emociones y situaciones de vida, y si bien se basa en la astronomía, además mira aspectos de la mitología, las ciencias esotéricas y la psicología, en busca de entender al hombre y su relación con el entorno.
ü  Sólo mira acerca de los astros del sistema solar en el marco de las estrellas fijas que hacen su fondo. Los signos no son los mismos que las constelaciones, aunque llevan nombres similares y se inspiran en sus formas.

ü  Su raciocinio se apoya en la analogía, producto de la comparación de las propiedades y características de los objetos y sistemas de distinta naturaleza y su influencia.

ü  Los ciclos descritos por la astrología son simbólicos, la secuencia de caracteres y su duración homogénea y asume un hecho astrofísico convencional.

ü  Las predicciones son menos precisas o ambiguas y van en función de la interpretación del consultor.

ü  Es geocéntrica pues sus cálculos se hacen tomando la tierra como el eje central y aceptando que los planetas simbólicamente se mueven a su alrededor.
Es más, la astrología y la astronomía tienen zodíacos diferentes. La Astronomía divide la eclíptica en trece o catorce constelaciones y toma el tamaño y tiempo de tránsito real, adecuado e independiente para cada una, mientras la astrología divide la eclíptica en doce partes iguales de treinta grados cada una y le asigna el nombre, usando recientemente ya sea de doce, trece o catorce constelaciones, según sea el caso.

La observación celeste surge del escrutinio del cielo por el hombre, más desde su origen se diferenciaron. La astronomía cuenta con el reconocimiento de la ciencia, mientras la astrología continúa luchando por encontrar un lugar aceptado como parte del conocimiento formal.
Bajo una visión general, se toma como ejemplo el funcionamiento de una orquesta en la que los astros son los instrumentos y donde la astronomía se hace cargo de mirar el origen, la historia, la construcción, la afinación, puesta a punto, el cuidado y mantenimiento de los todos ellos, mientras la astrología ejecuta la música. La carta natal es la puntualización del pentagrama que lleva la partitura y el consultor astrológico es el intérprete, mientras las personas que consultan conforman la audiencia de la interpretación.

En éste punto conviene recordar que los signos del zodíaco y las constelaciones no son lo mismo, pues los signos definidos por la astrología sobre la eclíptica, representan el denominado horóscopo astrológico, mientras las constelaciones astronómicas sobre la franja eclíptica, definen el transcurrir del zodíaco astronómico.

Las constelaciones son los sistemas de asociación de las estrellas que se aprecian en el espacio cósmico. El Sol penetra en ellas levemente más tarde cada año, debido al ya explicado fenómeno de precesión de los equinoccios, el cual modifica en alrededor de un grado su posición cada setenta y dos años. Para ilustrar el caso, actualmente el Sol entra en la constelación de Aries el 19 de Abril que corresponde al último día de regencia del signo de Aries.

En contraposición al zodiaco sideral, a todos los signos se les ha asignado la misma medida de duración de avance de 30 grados sobre la eclíptica, mientras en realidad el paso por las constelaciones tiene una duración variable en función de su longitud: Aries 25.5 días, Tauro 38.2 días y así sucesivamente.

Son doce los signos del zodíaco astrológico tradicional, mientras las constelaciones del zodíaco astronómico son trece. Si bien doce que llevan el mismo nombre y orden que los signos, cabe la constelación número trece Ofiuco que se ubica entre Escorpio y Sagitario.

La astrología y el zodíaco occidental usan el sistema tropical, descrito también como zodíaco astrológico. Otras culturas como la astrología védica, utilizan el zodíaco sideral, alineando si, los signos en función del movimiento relativo de las constelaciones.

Pues bien, regresando a la historia y de una forma resumida, puede decirse que ésta nueva fase de la astrología bien podría denominarse como: astrología científica, pues con ella se intenta llegar hasta a dar una demostración científica a la astrología.

En buena parte con medios científico-naturales, esto es, con ensayos y argumentos astronómico-físico-biológicos dados por Maag, Tomascheck y Landscheit, se intenta demostrar que los cuerpos celestes ejercen influencia en las circunstancias, en los sucesos y en los seres vivos de la Tierra, material desarrollado bajo el nombre de la ‘teoría de la influencia’.

Parece ser que la ciencia actual dispone de ciertos principios necesarios para ello, más en ningún caso, todavía es posible hablar de una cadena de demostración cerrada.

En todo caso, las teorías ‘deterministas’ se originan en una falsa y/o defectuosa concepción del funcionamiento de la libre determinación como propiedad de la voluntad. Dicha teoría determinista fue originalmente planteada desde la antigua Grecia por Leucipo de Mileto (460-370 a.C.) y sustentada por Demócrito de Abdera (470-360 a.C.) y nace a partir del planteamiento que sostiene que los mundos natural y humano, están regidos por el principio de la causalidad y que por consiguiente, todo acontecimiento tiene una causa, o sea, un antecedente que le es previo.

La concepción del determinismo en sus varias modalidades aparece como una posición peligrosa frente a la aplicación práctica de la ética; pues si se llega a considerar que todo está predeterminado, entonces como consecuencia lógica, tanto la responsabilidad moral como el control de los actos, quedan anulados por completo.

Conforme a esta teoría, las personas no tienen ni culpa, ni mérito alguno sobre sus actos, puesto que no pueden dejar de hacer lo que hacen, ya que todo acto por ínfimo que sea, se supone está predefinido.

Son entonces las personas mediocres, sin libre albedrío, las más fácilmente condicionadas por éste tipo de apreciación que indica que los astros marcan el destino y en consecuencia se someten a la creencia que todo está en el orden de lo predestinado y asumen que no tienen la menor intención de ejercer las facultades que les son propias y que les dan su voluntad, ya sea para enfrentar los retos o para progresar en la vida.

Pues bien, un individuo evolucionado sin duda puede contrarrestar a voluntad la influencia asignada a los planetas y dominar a su antojo la estructura de su personalidad, de tal manera que la certeza adjudicada a la predicción en lo que respecta a la actividad y las circunstancias, ya no resultan posibles. Puesto que es la fuerza del designio del alma la que domina los actos, de modo que los astros cesan de condicionar la vida del individuo que así lo enfrenta.

A medida que el hombre evoluciona en la toma de sus decisiones, perfecciona constantemente el mecanismo de respuesta, o fortalece los vehículos propios de la conciencia, por lo tanto, las reacciones ante las influencias cambian con persistencia y en consecuencia, resulta esencial que el astrólogo moderno empiece a estudiar el grado de evolución del sujeto, y debe hacerlo previamente a la confección del horóscopo, asegurándose de establecer el lugar que ocupa el desarrollo del individuo en el sendero de evolución.

Un segundo grupo de exponentes como Krafft y Choisnard, emplea la estadística e intenta demostrar conceptos de perfiles de comportamiento psicológico asociado con interpretaciones astrológicas.

A éste respecto, después de la segunda guerra, el matrimonio Gauquelin realizó un trabajo sobresaliente. Sin embargo, sus hallazgos científicos sólo han sido discutidos por algunos académicos que dudan de su confiabilidad. Probablemente en éste espacio de análisis, aún queda un largo camino por recorrer.

Empero, después de la segunda guerra mundial, se ha ido imponiendo de forma creciente la tendencia hacia una astrología basada en el humanismo y en aspectos de la psicología pregonada por Thomas Ring, Dane Rudhyar, planteamientos que tal vez dejen sentadas las bases que permitirán en el futuro, el desarrollo de una astrología que sea propia de la Nueva Era.

Los buenos astrólogos evitan confeccionar horóscopos de tipo fatalista. Los mejores intérpretes en éste campo se preocupan fundamentalmente de delinear los prototipos del carácter, lo cual resulta supremamente útil para destacar la confección de la personalidad individual por parte del fanático; luego, tratan de descubrir la forma de confeccionar el horóscopo del alma, para así inducir a conocer un probable propósito en la vida del individuo durante la encarnación vigente, y por lo tanto, pretenden establecer una clara distinción entre las tendencias establecidas por cuenta de la personalidad desarrollada y las condiciones asociadas con las muchas encarnaciones sucedidas que junto con el propósito emergente de los propios actos, darán como producto el aparente dictamen de la voluntad que emerge de lo profundo del alma.

La Astrología Esotérica, entonces abarca aspectos propios de la llamada ‘Psicología Esotérica’ que difiere de la psicología ‘mundana’, por reconocer la existencia del alma como un ‘tercer factor’ que forma parte integral de la totalidad del Ser. Esta tendencia, considera el comportamiento humano como el resultado de la interacción que surge entre el material recibido genéticamente con el cual se nace y el adquirido a través del influjo que ejerce el medio ambiente dentro del que en su discurrir, el observador navega.

La psicología esotérica propone que el hombre puede tener también un carácter superior que obedece un carácter espiritual o un factor subjetivo, relacionado con lo que es considerado eterno, inmortal y existencial, asegurando que la verdadera integración a ese carácter, depende del grado de consistencia mental en que la personalidad sea consciente de ello e interactúe junto con los efectos de su influencia.

En éste contexto, resulta llamativo el estudio de los rayos esotéricos en combinación con la astrología que aparentemente resulta útil cuando una persona llega a descubrir la naturaleza, el alma y su auténtico Yo, esto es en el fondo, el conocimiento del espectro propio del alma extraído de las más avezadas culturas orientales y que habla acerca de la naturaleza del hombre y de la meta espiritual vigente para toda la vida y aún más allá.

Reconocer cada rayo primordial del alma y las fuerzas astrológicas que lo apoyan puede resultar de enorme valor. En verdad, éste conocimiento ofrece una perspectiva importante sobre el enigma más fundamental que enfrenta quien así lo entre a considerar. En teoría se sostiene que el misterio de lo que se es y lo que se ha venido a hacer, permite entrar en el mundo del ‘sentido’.

Sin embargo, según expertos, esto no siempre marca lo diáfano del espectro, lo cual resulta más fácil de detectar dentro de cada observador. Sucede que los rayos están buscando su esencia a través de la expresión de la personalidad que en general resulta imperfecta, por cuenta de la naturaleza humana, por lo que su efecto es a menudo distorsionado para el adecuado entendimiento.

Por ejemplo, un individuo cuya alma está influida por el sexto rayo tiende a comprometerse con la vida a través de un punto de vista idealista. Sin embargo, esto puede ser distorsionado por cuenta de las impurezas existentes en la personalidad aprendida por la influencia de fuerzas provenientes del exterior. Tales distorsiones a menudo pueden resultar en forma de un idealismo rígido o una devoción ciega que se llega a confundir con un fanatismo rampante. Entonces sólo con la debida guía, se puede disponer del conocimiento y hacer una honesta auto-evaluación, lo cual resulta indispensable.

Se dice existe un vínculo importante entre los Rayos y Astrología Esotérica. De hecho, cada uno de los rayos se expresa a través de diversos signos y asocia con planetas en la rueda zodiacal. Otro ejemplo viene al caso, Urano es el custodio del séptimo rayo en la carta natal. Teniendo en cuenta esto, y conociendo la posición del signo y de la casa de Urano, la carta natal traduce la manera cómo éste rayo particular, trata de expresarse en la vida.

La comprensión de la estructura de los rayos se convierte entonces en un elemento central de la Sabiduría. La teoría sostiene que todo lo que existe es una manifestación de las cualidades divinas de a través de la conciencia. Los rayos se mezclan en proporciones que conducen a disponer de una gran diversidad de formas que se ven en diferentes creaciones.

A menudo delinear la naturaleza de cada luz y sus aspectos preponderantes, pueden ser vistos a través de los títulos cualitativos que los designan históricamente:


LOS RAYOS Y SUS ASPECTOS SOLARES

En palabras simples, la ‘teoría de la creación de la realidad’ afirma que la materia sólo existe con relación a la percepción del observador, quien canaliza las ondas de energía y las convierte en formas, para así localizarlas en el espacio. Por tanto, la observación y la atención crean la representación del mundo físico, tal como se lo reconoce. Sin embargo, aparece para el observador comprometido un pequeño obstáculo que se debe superar, se trata de la presencia física y mental como condición humana, del observador mismo.

 “Es posible reducir el comportamiento a un mecanismo susceptible de control, mediante un sistema de refuerzos”. B.F. Skinner

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.

Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242

Autor: Daniel García Vanegas

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[1] 1. Viegas, Jennifer: «Scientists dump cold water on astrology», artículo en el sitio web ABC (Australia). Consultado el 5 de septiembre de 2015.